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Cáncer de cabeza y cuello: qué es y qué síntomas provoca

Como sabemos, existen distintos tipos de cánceres que pueden afectar a los seres humanos, aunque generalmente tendemos a detenernos con mayor atención, por cuestiones lógicas, en aquellos más frecuentes o que mayor probabilidad tenemos de sufrir según nuestro género, edad, hábitos, etc. Conoce cuál es el cáncer de cabeza y cuello.

Se suele desarrollar en las superficies húmedas que recubren nuestra boca, nuestra garganta y nuestra nariz, a partir de células escamosas llamadas “carcinomas”. Eventualmente, también podría surgir de las glándulas salivales o piel de la cabeza.

Causas del cáncer de cabeza y cuello

Si bien las causas de estos tipos de cánceres son variadas, la evidencia médica ha demostrado que existen factores que aumentan el riesgo de sufrirlo, como el consumo de tabaco y la edad. Cuanto más tabaco consumimos, y más viejos somos, más vulnerables estamos a éstos, más allá de ciertas disposiciones innatas debido a la genética.

Esto explica por qué la mayoría de los pacientes que lo padecen tienen más de 45 años, y por qué es más habitual en hombres que en mujeres, dado que el sexo masculino tiene un mayor grado de individuos que ingieren tabaco y sus residuos de una forma o de otra, exponiéndose al cáncer. Aclarado esto, lo mejor que puedes hacer por tu salud es abandonar cualquier derivado del tabaco.

Además, existen casos en los que estos cánceres se relacionan con el virus del papiloma humano, también denominado VPH, que es exactamente el mismo que produce el cáncer de cuello uterino y otros.

Síntomas de este tipo de cáncer

Los síntomas del cáncer de cabeza y cuello suelen focalizarse en este último, al dificultarse tragar, experimentar dolor de garganta constante y agudo, notar cambios en la voz, advertir la presencia de llagas incurables, detectar bultos en el cuello y otras afecciones, casi siempre bien localizadas en esa zona.

Diagnóstico y tratamiento

Ante la sospecha de que alguien tiene cáncer de cabeza y cuello, lo primero es la realización de una serie de exámenes físicos centrados en estas regiones, si bien la única forma de confirmar al final que se dé este cuadro es a través de una muestra de tejido, mediante un proceso de biopsia.

Tecnologías como la tomografía computada o la tomografía por emisión de positrones permitirán a los profesionales de la salud establecer cuál es el estadio o nivel de avance de la enfermedad en cada persona.

En ese punto se ofrecerá un tratamiento que, de acuerdo al avance del trastorno, consistirá en alguna de las siguientes opciones: cirugía, radioterapia, quimioterapia, terapia dirigida e inmunoterapia.