Estudio en 'Science Advances'

El calor envejece: vivir en zonas de calor intenso incrementa en más de un año la edad biológica

Una exposición prolongada a temperaturas extremas está asociada con cambios epigenéticos

calor
Un termómetro es la mejor herramienta para medir el calor.

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¿Peligros ocultos del cambio climático y las olas de calor? Los científicos americanos están centrando sus esfuerzos en dar respuesta a estos planteamientos y qué ocurre con la salud a largo plazo de la población de la tercera edad. La respuesta ha sido contundente: la exposición prolongada a altas temperaturas acelera el deterioro del cuerpo.

Así se desprende del estudio ‘El calor ambiental exterior y el envejecimiento epigenético acelerado en adultos mayores en Estados Unidos’, publicado en Science Advances mediante el que las autoras Young Choi y Jennifer A. Ailshire examinaron a más de 3.600 adultos mayores de 56 años en los Estados Unidos en periodos de entre una semana y seis años.

Utilizando muestras de sangre, analizaron los cambios epigenéticos (modificaciones en cómo se activan o desactivan los genes mediante la metilación del ADN) a través de herramientas matemáticas conocidas como ‘relojes epigenéticos’, en este caso tres: PCPhenoAge, PCGrimAge y DunedinPACE. Posteriormente, cruzaron estos datos moleculares con los registros históricos del índice de calor y el número de días calurosos reportados por el Servicio Meteorológico Nacional en los vecindarios de los participantes.

Tras ajustar los resultados por factores como la edad, el sexo, el nivel socioeconómico, la actividad física, el tabaquismo y el consumo de alcohol, la asociación entre el calor extremo y el envejecimiento biológico se mantuvo. Los resultados demostraron una correlación significativa entre residir en zonas con altas temperaturas y un aumento acelerado de la edad biológica, independientemente de la edad cronológica de las personas.

A más de 32 grados

Por ejemplo, aquellos participantes que vivían en regiones donde los días de calor extremo (de 90°F, que equivale a más de 32°C) se presentan durante la mitad del año, como ocurre en Phoenix (Arizona), experimentaron hasta 14 meses de envejecimiento biológico adicional en comparación con quienes vivían en zonas más frescas con menos de diez días de calor extremo al año. Esta alarmante asociación se mantuvo firme incluso, como se ha relatado, tras ajustar variables socioeconómicas, demográficas y hábitos de vida como el tabaquismo o la actividad física.

Finalmente, el estudio subraya que el peligro radica especialmente en el índice de calor, que combina la temperatura ambiental con la humedad, ya que los adultos mayores pierden progresivamente la capacidad de enfriar su cuerpo mediante la evaporación del sudor.

Ante este panorama de calentamiento global y envejecimiento demográfico, sostienen las investigadoras, hay que hacer un llamamiento urgente a los planificadores urbanos y responsables políticos para diseñar estrategias de mitigación.

Y con todo, aunque el estudio es observacional y no demuestra una relación de causa-efecto, las investigadoras proponen actualizar las infraestructuras de las ciudades mediante la creación de más espacios verdes, plantación de árboles y la construcción de paradas de autobús o aceras con sombra para proteger a esta población vulnerable. También señalan que futuras investigaciones deberán esclarecer qué personas son más vulnerables y si estos cambios biológicos terminan traduciéndose en un mayor riesgo de enfermedad o muerte.

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