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Jesucristo, según el Evangelio de Mateo: «Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón»

¿Cómo tratan la figura de Jesucristo los diferentes evangelios? Vemos aquí el Evangelio de Mateo y su visión.

Evangelio cita a un hermano de jesús

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Reflexión, confía en Dios

  • Francisco María
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Muchas de las lecciones aprendidas de Jesús encontradas en Mateo han mantenido gran poder con el paso del tiempo. Una de estas lecciones es particularmente efectiva: «Donde pongáis vuestro tesoro, ahí estará también vuestra voluntad». Está en la Sermón del Monte y se encuentra en un pasaje sobre el relacionamiento entre la riqueza, lo prioritario e interior. Esto no se trata del dinero por sí solo, sino más bien una invitación para revisar qué impulsa nuestras acciones.

Lo más importante

Lo llamativo de estas palabras es su sencillez. Jesús no plantea una teoría complicada ni desarrolla un razonamiento filosófico. Habla de un hecho que cualquiera puede comprobar.

El corazón inclina su atención hacia lo que considera verdaderamente preciado. El tesoro se define como algo que una persona amaría, protegería, desearía posesionar o obtener con entusiasmo. Este objeto se convierte en el objeto de sus pensamientos y el motivo principal de sus acciones.

Contextualizado en el sexto capítulo de Mateo, este mensaje va acompañado por una enseñanza precisa. Jesús anima a no confiar únicamente en los bienes materiales, ya que estas cosas son frágiles e inestables. Los objetos rompen, la ropa se ensucia y la riqueza puede desaparecer. En su lugar, proponía buscar un tesoro que no dé en absoluto importancia a la durabilidad ni al estado en que se encuentre.

No habla de despreciar el trabajo, el patrimonio o las responsabilidades cotidianas, sino de no convertirlos en el fundamento último de la existencia.

La palabra corazón

La elección de la palabra «corazón» tampoco es casual. En la tradición bíblica el corazón representa mucho más que los sentimientos. Es el lugar donde nacen las decisiones, las intenciones y la voluntad. Allí se forma el carácter de la persona. Cuando Jesús afirma que el corazón sigue al tesoro, está describiendo un movimiento profundo. Lo que una persona considera esencial termina moldeando su forma de pensar, de actuar y de relacionarse con los demás.

Resulta fácil comprobarlo en la vida diaria. Quien convierte el prestigio en su gran objetivo acaba interpretando casi todo en función del reconocimiento ajeno. Si el dinero ocupa el primer lugar, muchas decisiones pasarán inevitablemente por el beneficio económico.

Algo parecido sucede con el poder, el éxito o incluso con la necesidad constante de aprobación. No siempre son metas negativas, pero pueden convertirse en el eje alrededor del cual gira toda la vida.

Una cuestión de prioridades

La enseñanza de Jesús introduce una pregunta incómoda, aunque muy útil: ¿qué ocupa realmente el primer lugar? No basta con responder de manera teórica. Las prioridades suelen revelarse en aspectos mucho más concretos, como el tiempo que dedicamos a ciertas cosas, los sacrificios que estamos dispuestos a asumir o aquello que más nos preocupa cuando parece estar en peligro. En cierto modo, nuestras elecciones diarias hablan con más claridad que nuestras palabras.

Este pasaje también mantiene una estrecha relación con la enseñanza que aparece unas líneas más adelante, cuando Jesús afirma que nadie puede servir a dos señores. La idea es coherente: el corazón humano necesita una referencia principal. Intentar dividir la lealtad entre Dios y cualquier otro absoluto termina generando tensión y desorientación. Por eso el Evangelio insiste en ordenar las prioridades antes que en multiplicar las posesiones.

A menudo se interpreta este texto únicamente desde una perspectiva económica, pero su alcance es mucho más amplio. El «tesoro» puede adoptar formas muy diferentes. Para algunos será la seguridad material; para otros, una carrera profesional, una ideología, una relación o incluso la propia imagen pública. Todo aquello que reclama el centro de la vida puede convertirse en ese tesoro del que habla Jesús.

Transformando el interior

Existe también una dimensión esperanzadora en estas palabras. Si el corazón sigue al tesoro, cambiar el tesoro significa iniciar una transformación interior. Jesús no propone una reforma basada únicamente en normas externas. Invita a orientar el deseo hacia aquello que permanece. Desde esa perspectiva, la generosidad, la misericordia, la justicia y la confianza en Dios dejan de ser simples obligaciones religiosas para convertirse en expresiones naturales de una vida que ha encontrado un centro diferente.

Esa enseñanza explica por qué el Sermón del Monte sigue siendo una referencia fundamental dentro del cristianismo. Sus palabras no quedaron ligadas exclusivamente al siglo I. Continúan planteando preguntas que mantienen plena vigencia: ¿qué consideramos verdaderamente valioso?, ¿qué ocupa nuestros pensamientos con mayor frecuencia?, ¿qué perderíamos con más dificultad? Las respuestas permiten descubrir, quizá con más sinceridad de la que imaginamos, dónde está nuestro verdadero tesoro.

Leída en su conjunto, esta frase resume uno de los mensajes centrales del Evangelio de Mateo. Jesús invita a mirar más allá de lo inmediato y a reconocer que las decisiones exteriores nacen de una orientación interior. Allí donde una persona deposita lo que considera más valioso, allí terminará dirigiéndose también su corazón. Es una enseñanza breve, pero con una profundidad que sigue interpelando a creyentes y estudiosos dos mil años después.