Es la fruta clásica del otoño español, pero nadie la aprovecha al 100%: las mejores 6 recetas fáciles con calabaza para todos los públicos
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Casi no caben dudas de que la calabaza es uno de los productos más reconocibles del otoño en España, como las castañas, y aunque se cocina como una verdura, botánicamente es un fruto en baya. Su sabor suave permite usarla en platos salados y dulces, y las recetas presentadas abajo demuestran que, noblemente, admite mucho más que la típica crema de los domingos.
El problema es que, en muchas cocinas, solo se aprovecha una parte de la pieza y el resto acaba en el cubo de los restos orgánicos sin pensarlo dos veces. Las preparaciones elegidas son sencillas, pensadas para todos los públicos (también para los más pequeños de la casa) y sacan partido a un producto que suele comprarse entero y dura varios días.
Las mejores 6 recetas fáciles con calabaza para comidas y cenas
Las cuatro primeras propuestas son platos salados, pensados para el día a día, en los que la calabaza ejerce de protagonista. Todas se preparan con ingredientes habituales en cualquier despensa española.
1. Crema de calabaza asada con curry
Asar la calabaza antes de triturarla concentra su dulzor, y el curry le da un punto especiado que convence incluso a quienes no son muy de cremas.
Para cuatro personas hacen falta estos ingredientes:
- Un kilo de calabaza.
- Una cebolla y dos zanahorias.
- Una cucharadita de curry en polvo.
- 750 mililitros de caldo de verduras.
- Aceite de oliva virgen extra, sal y pimienta.
La elaboración se resuelve en menos de una hora:
- Cortar la calabaza en trozos grandes, sin pelar, y asarla a 200 °C durante 40 minutos.
- Pochar la cebolla y la zanahoria picadas en una olla con un chorro de aceite.
- Separar la pulpa asada de la piel (que se reserva para hacer chips) y añadirla a la olla con el curry.
- Cubrir con el caldo, cocer diez minutos y triturar hasta lograr una textura fina.
- Salpimentar y servir con unas pipas de calabaza tostadas por encima.
2. Calabaza asada con miel y romero
Con variedades de piel fina, como la cacahuete o la potimarrón (también llamada hokkaido), no hace falta pelar: la piel se ablanda en el horno y se come sin problema.
Estos son los ingredientes para cuatro raciones de guarnición:
- Media calabaza cacahuete.
- Dos cucharadas de miel.
- Dos ramitas de romero fresco.
- Tres dientes de ajo.
- Aceite de oliva, sal, pimienta y queso feta (opcional).
El horno se encarga de casi todo:
- Lavar bien la piel, retirar las semillas y cortar la calabaza en medias lunas de unos dos centímetros.
- Mezclar el aceite con la miel, el romero picado, sal y pimienta.
- Pintar las piezas con la mezcla y colocarlas en una bandeja junto a los ajos enteros.
- Hornear a 200 °C entre 30 y 35 minutos, dándoles la vuelta a mitad de cocción.
- Servir con el feta desmenuzado por encima.
3. Ñoquis de calabaza con mantequilla y salvia
Los ñoquis caseros parecen complicados, pero esta versión sale con pocos ingredientes y es una buena opción para cocinar con niños.
Para cuatro personas se necesita lo siguiente:
- 400 gramos de calabaza asada.
- Unos 250 gramos de harina de trigo.
- Un huevo.
- 40 gramos de queso parmesano rallado.
- Sal y nuez moscada.
- 50 gramos de mantequilla y unas hojas de salvia para la salsa.
El secreto está en no pasarse con la harina:
- Triturar la pulpa asada y escurrirla bien para quitarle el exceso de agua.
- Mezclarla con el huevo, el parmesano, la sal y una pizca de nuez moscada.
- Añadir la harina poco a poco, hasta obtener una masa que no se pegue a las manos.
- Formar cilindros, cortarlos en trozos de dos centímetros y marcarlos con un tenedor.
- Cocerlos en agua hirviendo con sal y retirarlos cuando suban a la superficie, en dos o tres minutos.
- Saltearlos en una sartén con la mantequilla derretida y la salvia.
4. ‘Risotto’ de calabaza y setas
Calabaza y setas comparten temporada, y juntas forman un plato de cuchara cremoso y muy otoñal.
Los ingredientes para cuatro personas son estos:
- 320 gramos de arroz arborio o carnaroli.
- 300 gramos de calabaza en dados.
- 200 gramos de setas de temporada.
- Una chalota.
- Un vaso de vino blanco.
- Un litro de caldo de verduras caliente.
- 40 gramos de mantequilla y 50 gramos de parmesano.
La paciencia con el caldo marca la diferencia:
- Sofreír la chalota picada en una cazuela con un poco de aceite.
- Añadir la calabaza y cocinarla cinco minutos.
- Incorporar el arroz, rehogarlo dos minutos y regar con el vino.
- Cuando se evapore el alcohol, añadir el caldo cazo a cazo, removiendo, durante unos 18 minutos.
- Saltear las setas aparte en una sartén con sal.
- Fuera del fuego, mezclar con la mantequilla y el queso, y terminar con las setas por encima.
Del aperitivo al postre: pipas, chips y bizcocho de calabaza
Las dos últimas recetas completan el aprovechamiento de la pieza. Una convierte las semillas y la piel reservada en un aperitivo crujiente, y la otra lleva la pulpa al terreno dulce con un bizcocho que gusta a casi todo el mundo.
5. Pipas y chips de piel de calabaza al horno
Las semillas suelen acabar en la basura, pero tostadas se convierten en un picoteo que también sirve para decorar cremas y ensaladas.
Solo hacen falta cuatro ingredientes:
- Las semillas de una calabaza (y la piel reservada, si se quiere).
- Una cucharada de aceite de oliva.
- Sal.
- Pimentón de la Vera o especias al gusto.
El paso más importante es secarlas bien:
- Separar las semillas de las hebras y lavarlas con agua.
- Secarlas con papel de cocina o dejarlas al aire unas horas.
- Mezclarlas con el aceite, la sal y el pimentón.
- Extenderlas en una bandeja sin amontonar y hornear a 160 °C entre 15 y 20 minutos, removiendo a mitad.
- Para los chips, cortar la piel en tiras finas, aliñarla igual y hornearla hasta que esté crujiente.
6. Bizcocho de calabaza y canela
La calabaza aporta humedad y un color anaranjado al bizcocho, que queda esponjoso durante varios días.
Para un molde de unos 24 centímetros hacen falta estos ingredientes:
- 250 gramos de puré de calabaza asada.
- Tres huevos.
- 150 gramos de azúcar moreno.
- 120 mililitros de aceite de girasol.
- 250 gramos de harina de trigo.
- Un sobre de levadura química (16 gramos).
- Una cucharadita de canela y una pizca de sal.
La preparación no tiene misterio:
- Precalentar el horno a 180 °C.
- Batir los huevos con el azúcar hasta que blanqueen.
- Añadir el aceite y el puré de calabaza, y mezclar bien.
- Tamizar la harina con la levadura, la canela y la sal, e incorporarla con movimientos envolventes.
- Verter la masa en un molde engrasado y hornear entre 40 y 45 minutos, hasta que un palillo salga limpio.
Beneficios de la calabaza y por qué hay que aprovecharla al 100%
La clave para aprovechar la calabaza entera está en no tirar ni la piel ni las semillas. Según una revisión firmada por Antonela Ninčević Grassino y otros investigadores, publicada en 2023 en la revista Molecules, al procesar este fruto se obtiene entre un 72% y un 76% de pulpa, entre un 2,6% y un 16% de piel y entre un 3,1% y un 4,4% de semillas.
Esos restos, que a menudo se destinan a pienso animal o se desechan, son, según los autores, una fuente valiosa de compuestos beneficiosos.
La piel, en concreto, concentra carotenoides como el betacaroteno, el pigmento responsable del color naranja que el organismo transforma en vitamina A. En uno de los análisis recogidos, el polvo de piel tenía casi tres veces más carotenoides que el de semillas.
La pulpa, por su parte, es casi todo agua (un 95,9%) y aporta apenas 15 kilocalorías por cada 100 gramos, según la ficha de la Fundación Española de la Nutrición. Una ración de 200 gramos cubre además el 31% de la vitamina C diaria recomendada, aunque parte de ella se pierde durante la cocción.
Cómo elegir y conservar la calabaza
Una buena calabaza debe pesar en relación con su tamaño, tener la piel dura, sin golpes ni zonas blandas, y conservar parte del tallo.
Entera aguanta semanas en un lugar fresco, seco y ventilado. Una vez cortada, conviene envolverla en film y guardarla en la nevera, donde se mantiene en buen estado durante unos cinco días.
Si sobra, la pulpa asada o en dados se puede congelar y usar más adelante en cremas o bizcochos. Finalmente, las variedades de invierno, que se cosechan precisamente en otoño, tienen menos agua y una piel más gruesa que las de verano, y por eso son las que mejor resisten el paso de los meses en la despensa.
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