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Los foodies coinciden: la ‘tarta de la abuela’ más saludable lleva natillas, chocolate y no se hace en el horno

  • Alejo Lucarás
  • Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Córdoba. Redactor SEO especializado en actualidad, ciencia aplicada, tecnología y fenómenos sociales, con un enfoque divulgativo y orientado a explicar al lector cómo los grandes temas de hoy impactan en su vida cotidiana.

Pocos postres despiertan tanta nostalgia como la tarta de galletas, natillas y chocolate que preparaban las abuelas en casa sin necesidad de encender el horno ni tener conocimientos de repostería. Hoy, distintos perfiles de nutrición y gastronomía coinciden en que esta receta admite una versión mucho más ligera, sin renunciar al sabor que la hizo tan popular.

Henos aquí ante una nueva forma de preparar la típica tarta de la abuela, que mantiene las natillas y el chocolate como protagonistas, pero cambia por completo los ingredientes que aportaban el exceso de azúcar y grasa de la receta original.

¿En qué consiste la versión saludable de la tarta de la abuela?

La versión más saludable de esta tarta sustituye los tres elementos que más azúcar y grasa aportaban en la receta original: las natillas caseras hechas con azúcar y yemas se cambian por natillas proteicas sin azúcar añadido, tanto de vainilla como de chocolate.

Por otra parte, las galletas María se sustituyen por galletas integrales sin azúcares añadidos; y el chocolate de cobertura, normalmente con leche y azúcar, se cambia por virutas de chocolate negro con un 85% de cacao o más.

Ingredientes para preparar esta tarta de la abuela saludable

Para montar esta versión en casa, vamos a repasar a continuación los ingredientes recién mencionados y otros necesarios:

¿Cómo se prepara la típica tarta de abuela, pero en versión saludable?

El montaje sigue exactamente la misma lógica que la receta tradicional, solo que con los ingredientes ya sustituidos:

  1. Preparar un molde rectangular, forrado con papel de horno o de silicona para facilitar el desmoldado posterior.
  2. Pasar las galletas integrales por la leche, la bebida vegetal o el café durante un par de segundos, sin dejar que se empapen demasiado.
  3. Cubrir el fondo del molde con la primera capa de galletas remojadas.
  4. Extender una capa uniforme de natillas proteicas de vainilla sobre las galletas.
  5. Añadir otra capa de galletas remojadas y cubrir con las natillas proteicas de chocolate.
  6. Repetir las capas hasta terminar los ingredientes, decorando la parte superior con virutas de chocolate negro.
  7. Refrigerar durante un mínimo de cuatro horas, aunque lo ideal es dejarla reposar toda la noche antes de servir.

¿Por qué esta versión resulta más saludable que la tradicional?

La clave de esta adaptación está en eliminar el azúcar añadido en dos de los tres componentes principales de la tarta.

Las natillas proteicas sin azúcar sustituyen a una crema elaborada tradicionalmente con azúcar y yemas de huevo, lo que reduce de forma notable las calorías totales del postre y, al mismo tiempo, aumenta su contenido de proteína.

Las galletas integrales, por su parte, aportan más fibra que las galletas María convencionales, mientras que el chocolate negro con alto porcentaje de cacao contiene mucho menos azúcar que el chocolate con leche que suele usarse en la cobertura clásica.

El resultado es un postre que conserva la textura reconfortante y el sabor nostálgico de la tarta de la abuela original, pero con un perfil nutricional considerablemente más equilibrado, algo que explica por qué cada vez más perfiles de nutrición la recomiendan como alternativa a la versión de toda la vida sin renunciar al postre en sí.

Una aclaración necesaria: la tarta de la abuela tradicional tampoco se hornea

Antes de entrar en la versión saludable, conviene despejar una confusión habitual. Las recetas de abuela son sagradas y no se tocan. Dicho esto, la tarta de abuela tradicional lleva galletas María, natillas hechas con leche, yemas y azúcar, y una cobertura de chocolate tipo ganache. Esta última tampoco se cocina en el horno.

Se monta por capas: galletas remojadas ligeramente en leche, una capa de natillas o crema pastelera, más galletas, y así hasta cubrir el molde, terminando con la capa de chocolate por encima.

Todo el proceso ocurre en frío, y el verdadero «cocinado» sucede en la nevera, donde la tarta necesita reposar un mínimo de tres o cuatro horas, aunque lo habitual es dejarla toda la noche para que las galletas se asienten y la tarta se pueda cortar en porciones limpias.

Es importante tenerlo claro porque, si no, se podría pensar que la principal diferencia entre la versión tradicional y la saludable es el uso del horno, cuando en realidad ninguna de las dos lo necesita. La diferencia real está en otro lugar.

Un consejo final antes de servirla

Como ocurre con la receta tradicional, el tiempo de reposo en la nevera es el paso que marca la diferencia entre una tarta que se desmorona al cortarla y otra que sale en porciones perfectas.

Merece la pena tener paciencia y dejarla reposar toda la noche, especialmente si se prepara la víspera de una comida familiar o una celebración, para que las galletas terminen de absorber la humedad de las natillas y el conjunto quede bien compactado antes de llevarlo a la mesa.