País Vasco

Ni histórico ni medieval: así es el convento y la parroquia de Vizcaya donde se rodó ‘Los domingos’

convento Los Domingos
Escena de la película 'Los Domingos'
Blanca Espada

La película Los domingos se ha convertido en la película española de la que todo el mundo habla desde hace meses y más después de ganar en la pasada celebración de los Goya. El film puso el foco en Vizcaya ya que aunque la historia se centra en las dudas vocacionales de una joven y en el impacto emocional que vive su familia, buena parte de la fuerza visual de la cinta procede de los espacios reales donde se rodó, con localizaciones en Gernika y Getxo, escenarios que cualquiera puede visitar y que guardan siglos de vida, transformación y simbolismo. Y en concreto, en un convento que seguro que más de un espectador habrá pensado en visitar o conocer un poco, tras ver la película.

La directora del film, Alauda Ruiz de Azúa, buscaba una atmósfera que transmitiera intimidad, silencio y contraste entre la vida familiar y la vida religiosa. Y es justo lo que encontró en los conventos y parroquias vizcaínas. De este modo, los lugares que aparecen en la película no sólo funcionan como fondo; acompañan el viaje de Ainara, la protagonista, y refuerzan ese dilema entre el mundo que deja atrás y la vocación que intenta comprender. Esa apuesta por rodar íntegramente en Vizcaya convirtió cada espacio en una pieza narrativa, especialmente el convento hasta el que se traslada la protagonista de Los Domingos y que curiosamente cerró en 2023, pero ha podido ser utilizado para la película

El convento que aparece en Los Domingos está en Vizcaya

En Los Domingos, el convento adquiere un peso emocional enorme porque es donde Ainara intenta descifrar su vocación. En la vida real, esas escenas se grabaron en el convento de Santa Clara, un lugar con una trayectoria casi tan intensa como la de la propia protagonista. El edificio, situado en pleno Gernika, se levantó en 1619 sobre un antiguo beaterio que ya existía en el siglo XV, y desde entonces ha estado ligado a distintas comunidades religiosas.

Durante siglos vivieron allí monjas clarisas, aunque antes de ellas ya había una comunidad de Terciarias Regulares o Isabelinas. La vida en el convento fue constante hasta 2023, año en el que la comunidad se disolvió porque las ocho hermanas que quedaban eran ya octogenarias y sufrían distintos problemas de salud. El traslado se hizo al monasterio de Santa Clara en Arnedo, Navarra, cerrando así una presencia de 600 años en Gernika.

Un año más tarde, el Gobierno Vasco adquirió el edificio, su iglesia y el terreno posterior, destacando que se trataba de un espacio «lleno de historia y significado», y no exageraban. El expresidente Iñigo Urkullu recordó entonces que el convento fue uno de los pocos edificios que permaneció en pie tras el bombardeo de 1937. Allí se guardaron documentos de enorme relevancia que lograron salvarse en plena guerra.

Desde su traspaso, el convento se integró en el Museo de la Paz de Gernika, ampliando sus usos culturales. Entre los vecinos aún se cuentan anécdotas curiosas, como la tradición de servir chocolate caliente a la Casa de Juntas iniciada por las hermanas hace dos siglos.

El visitante que se acerque hoy al templo no encontrará una arquitectura puramente medieval. El paso del tiempo lo transformó por completo y, en 1890, fue reconstruido con un estilo neogótico que lo mantiene hasta hoy. El interior conserva un retablo dedicado a Santa Clara, acompañado de figuras de San Francisco de Asís, los Sagrados Corazones, Santa Casilda, San José, San Roque y San Clemente. Las vidrieras colorean la luz que entra desde los muros altos, y una cancela de madera separa el coro de la zona de clausura, donde todavía se conserva un órgano del año 1910.

 

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La parroquia que también aparece en la película

Junto al convento, otro edificio que tiene su peso en la película es la parroquia del Santísimo Redentor, situada en Algorta (Getxo), y que sigue siendo un centro comunitario activo por lo que tuvo que reorganizarse por completo para acoger al equipo de rodaje que estuvo cinco días grabando.

El edificio, que pertenece a la Orden de los Trinitarios, puede acoger hasta a mil personas. Fue inaugurado en 1973 y destaca por su estética moderna, muy distinta al neogótico del convento. La directora buscaba un espacio amplio, luminoso y técnicamente viable para rodar escenas complejas, incluida la misa, y por eso consultó al párroco continuamente para respetar la realidad litúrgica.

Arquitectónicamente, el templo es una obra de Javier Arístegui y Pedro Izpizua. Su estructura de ladrillo caravista y hormigón esconde una de sus mayores joyas: las veintitrés vidrieras policromadas que rodean el interior. Sobre el altar destaca un enorme Cristo de madera, de más de seis metros, tallado por el artista Segundo Escolar. El contraste entre el suelo blanco y la madera oscura del presbiterio crea una estética que encaja a la perfección con la intensidad emocional de la película.

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