Opinión

Warren Buffett: el oráculo de Omaha

Para muchos es todo un referente a la hora de invertir. Y para bastantes es, simplemente, el referente. Dicen que sigue con la frescura de un chaval y con las ideas claras a sus 88 años, bebiendo Coca-Cola –que por algo es el principal accionista de la compañía– y saboreando helados Dairy Queen –también de su propiedad–, compartiendo ánimos elevados con su inseparable amigo y socio Charlie Munger, otro chaval de 95 años. Sus pronunciamientos siempre son debidamente interpretados por sus legiones de acólitos, que ven en Buffet el verbo santificado de la inversión financiera.

Su compañía, Berkshire Hathaway, permanentemente se halla en la cúspide de las seis primeras empresas por capitalización bursátil de Wall Steet, superando los 400.000 millones de dólares. Su historia se escribe a golpe de ganancias, aunque admite también que de vez en cuando pierde, como en 2018 con Kraft Heinz, que le ha costado unos 3.000 millones. Tiempo atrás su inversión en Wells Fargo, el cuarto banco más grande de Estados Unidos, con reminiscencias del Viejo Oeste norteamericano, le proporcionó otro disgusto.

Dicen que sigue con la frescura de un chaval y con las ideas claras a sus 88 años. Bebiendo Coca-Cola, para eso es el principal accionista.

Rara es la gran compañía, eso sí, que obtenga un mínimo considerable de rentabilidad, en la que no participe Buffet a través de su conglomerado de Berkshire. American Express, Apple, Bank of America, Coca-Cola y Wells Fargo, son las más representativas. Buffet dice que no invierte en compañías tecnológicas, sino de gran consumo. Y acalla así las críticas que en su día se le hicieron por invertir en Apple. Hoy es uno de los grandes accionistas de la compañía de la manzana mordida. En cambio, Buffet, íntimo amigo de Bill Gates, nunca ha invertido en Microsoft. Una cosa es la amistad y los consejos de amigo a amigo; otra, distinta, es la de invertir en negocios donde no primen los sentimientos.

Buffet, como quien suscribe, es enemigo acérrimo del famoso engendro del EBITDA, acrónimo que identifica el resultado bruto de explotación, es decir, el resultado empresarial antes de descontar las amortizaciones y depreciaciones, los intereses y los impuestos. Warren odia los hechizos financieros y fija su atención en los resultados empresariales, entendiendo cómo funciona el negocio, sus márgenes, su resultado de explotación, la capacidad para generar flujo de efectivo y prescindiendo de monsergas y palabrerías. ¡Hay qué guiarse por los beneficios operativos y dejarse de embrujos!

Warren odia los hechizos financieros y fija su atención en los resultados empresariales.

A Buffet no le gustan las presentaciones de los resultados trimestrales de las compañías. Es consciente de que algunas empresas se ven compelidas a tener que maniobrar con sus guarismos para contentar a los mercados, que solo quieren ver cifras bonitas. ¡Mucho pufo contable para contentar a la calle!, viene a decir Buffet. El inversor tiene algo meridianamente claro: la deuda es mala y hay que huir de ella; o sea, que no es partidario del endeudamiento ni de los encantos del apalancamiento. Los recursos propios de una empresa son su mejor artillería.

Cómo no, al ‘Oráculo de Omaha’ le gustan los dividendos y también las recompras de acciones tan en boga en Wall Street, sobre todo de la mano de Apple que en 2018 que recompró acciones por 73.000 millones de dólares y satisfizo dividendos por casi 14.000 millones. Las recompras de acciones constituyen una interesante manera de retribuir indirectamente al accionista, pero, a la vez, al reducirse el número de acciones en circulación representan una revalorización de las acciones que se mantienen en poder de los socios que no venden sus títulos.

El dinero de Buffett está en stand by por ahora, a la espera de encontrar buenas oportunidades de inversión.

Otra de las grandes virtudes de Buffet es la de creer firmemente en el poder del dinero, bien entendido. Por eso, Berkshire es una compañía que se precia de sus elevados saldos monetarios: 132.000 millones de liquidez. Pero ese dinero está hoy en stand by, a la espera de encontrar buenas oportunidades de inversión, esos caramelos que Buffet y Munger saben encontrar. Actualmente, buscan empresas no cotizadas con perspectivas a largo plazo si bien no le hacen ascos a alguna gran compañía que surja como oportunidad inversora. La vista inversora siempre puesta en el largo plazo, lo que ratifica el espíritu jovial y entusiasta de esos veteranos inversores, Buffet y Munger, de 88 y 95 años, respectivamente, que fijan su atención no en un hoy con cantos de sirenas sino en un mañana de esplendor. ¡Carácter positivo y eviterno, el de Warren y Charlie, del que tomar buena nota!