La UE es europea pero no es unión
Si no fuera por Pablo Llarena, Carles Puigdemont habría vuelto a España con un mero delito de malversación a la espalda. Comparado con los más que probables delitos de rebelión y sedición que acarrearía, sería como que un ciudadano fuera a juicio por robar un chicle cuando en realidad ha atracado un banco. Por fortuna, el magistrado del Tribunal Supremo ha estado hábil a la hora de retirar la orden internacional contra el expresident huido para evitar así que Bruselas, mediante su exasperante garantismo, lo pudiera entregar sólo como posible malversador. Obviamente, las órdenes de arresto contra él y contra los exconsellers a la fuga continúan en vigor en suelo español. De hecho, la Fiscalía solicitará detenerlos en cuanto pongan un pie en nuestro país.
No obstante, la iniciativa de Llarena ha sido fundamental para que el esperpento no alcance cotas mayúsculas. La justicia belga se ha comportado como un cómplice de facto con el golpista catalán. Un comportamiento que no hace ningún bien al espíritu de colaboración entre socios con el que nació la Unión Europea. El comportamiento de los magistrados del país que alberga el corazón de la UE ha propiciado que Carles Puigdemont pueda seguir con su diatriba contra España, incluso contra Europa, copiando así la postura de dos ultras como Marine Le Pen y Nigel Farage. Eso a pesar de tener en contra a figuras comunitarias tan relevantes como Antonio Tajani o Jean-Claude Juncker.
Bélgica ha hecho de la euroorden, medida de excepcional importancia y simbolismo, mero papel mojado. España creó esta medida hace más de una década. Suponía una solución rápida y eficaz para casos tan graves como éste. Además, era un voto de confianza entre los sistemas jurídicos de todos los países miembros. El desprecio de Bélgica sienta un peligroso precedente. La UE, aunque indiscutiblemente europea, no parece tan «unión» como debería. Una merma de confianza que veremos cómo afecta en el futuro a otros casos de extrema gravedad como éste o relacionados con el narcotráfico o el terrorismo. La irresponsabilidad belga ha sido la mejor aliada de Puigdemont. En España no tendrá tanta suerte. Aquí hay magistrados tan serios y rigurosos como Pablo Llarena esperando a que llegue.
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