El Supremo pone en su punto de mira al marido de la vicepresidenta Ribera
Después del varapalo a la presidenta del Consejo de Estado, Magdalena Valerio, cuyo nombramiento fue anulado por el Tribunal Supremo por carecer de méritos para el cargo, ya que pese a su condición de licenciada en Derecho no puede ser considerada como una jurista de reconocido prestigio, la Sala Tercera del Supremo decidirá también sobre el dedazo de Pedro Sánchez al marido de la vicepresidenta Teresa Ribera, al que nombró consejero en la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Mariano Bacigalupo, elegido por el Gobierno como consejero del supervisor bursátil, carece de estudios en la materia, condición que, según la ley, es preceptiva para ocupar el cargo.
Según el Real Decreto por el que se aprobó el texto refundido de la Ley del Mercado de Valores es necesario ser «persona de reconocida competencia en materias relacionadas con el mercado de valores». El marido de la ministra es profesor de Derecho Administrativo, por lo que hay que echarle mucha imaginación -y mucha cara- para concluir que Mariano Bacigalupo cumple con los requisitos exigidos. El Alto Tribunal ha admitido a trámite el recurso de la asociación Hay Derecho, la misma que llevó a los tribunales -con éxito- el nombramiento de Valerio.
Se da la circunstancia de que el marido de la ministra fue nombrado previamente por el Gobierno consejero de la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC), aunque tampoco tenía nociones en la materia. Al terminar su mandato, le buscó un puesto de alta remuneración en la CNMV. Lo que viene a demostrar que Bacigalupo es un consumado experto -eso es indudable- en enlazar consejos en los organismos reguladores sin cumplir los requisitos legales. Lo que subyace tras estos nombramientos es la degradación institucional causada por una política que ha colocado la afinidad ideológica por encima del mérito y la capacidad profesional. El Tribunal Supremo ya ha dejado con las posaderas al aire al Gobierno por el nombramiento de Valerio y también por el de Dolores Delgado. Y con el marido de la vicepresidenta Teresa Ribera puede cumplirse el dicho de que no hay dos sin tres.
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