Opinión

Será que el control que ahora tiene de la Fiscalía le parece poco

Pedro Sánchez se jactó públicamente de tener controlada la Fiscalía en una entrevista memorable en la que él mismo contestó a su pregunta: «¿De quién depende la Fiscalía? Del Gobierno. Pues eso». Sin embargo, el control que el Gobierno ejerce sobre el Ministerio Público le parece poco, razón por la que ha encargado a la fiscal general del Estado, Dolores Delgado, el diseño de una reforma del reglamento del Ministerio Fiscal con el propósito de tener el texto aprobado este mismo año. El Ejecutivo socialcomunista pretende que la norma ate en corto a los profesionales del Ministerio Público bajo el eufemístico propósito de actualizar «las previsiones reglamentarias que desarrollan la regulación del estatuto jurídico de los miembros del Ministerio Fiscal». En suma, la norma será clave para determinar la «adquisición y pérdida de la condición de miembro de la Carrera Fiscal, situaciones administrativas, licencias y permisos, derechos y deberes, provisión de destinos y sustituciones, incompatibilidades, prohibiciones y responsabilidades».

El nuevo texto derogará el Decreto 437/1969, de 27 de febrero, por el que se aprobó el Reglamento Orgánico del Estatuto del Ministerio Fiscal. Se trata de un texto preconstitucional , motivo que le ha servido a Sánchez de excusa para proceder a una urgente y profunda revisión que le permita incrementar su presión sobre los fiscales. Así que bajo la añagaza de reformular los criterios para acceder a las «especialidades propias de la carrera y del Ministerio Fiscal», adecuará «su modelo reglamentario al perfil orgánico, institucional y funcional que diseña la Constitución de 1978 y el Estatuto Orgánico del Ministerio Fiscal de 1981 con sus sucesivas reformas».

El Gobierno promete respetar  la» autonomía orgánica y funcional exigida por la Constitución y el Estatuto», pero después de escuchar a Pedro Sánchez decir aquello de la Fiscalía es mía comprenderá el lector que su propósito es darle una nueva vuelta de tuerca a un organismo al que ya tiene bajo control. Y es que a la hora de ocupar las instituciones del Estado esta gente es insaciable.