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Los expertos instan a cerrar las cortinas de casa a partir de las 19:45 horas: la razón que debes saber

El último fin de semana de marzo tocará volver a mover las agujas del reloj con el cambio de hora, por lo que volveremos a ganar luz por la tarde. Pero a  estas alturas del mes ya se nota ya que oscurece más tarde que en enero y muchas casas aguantan sin encender lámparas y sin cerrar cortinas hasta bien entrada la tarde. Esa claridad extra nos confirma lo que ya sabemos, y es que el invierno está ya en retirada. Sin embargo, basta que desaparezca el sol para que el frío recuerde que todavía no se ha ido. En muchas zonas, las noches siguen siendo frías y el descenso de temperatura se nota en cuestión de minutos.

Ese contraste entre luz prolongada y noches todavía frescas ha hecho que los especialistas en eficiencia energética insistan en un hábito muy concreto que puede marcar la diferencia en el confort térmico del hogar. No requiere inversión, ni reformas, ni dispositivos inteligentes. Solo atención al momento en que empieza a oscurecer. La recomendación es cerrar las cortinas alrededor de las 19:45 horas durante estos días que nos quedan antes del cambio horario. Puede parecer un detalle menor, pero ese instante coincide con la pérdida de radiación solar útil en muchas viviendas. Si se mantienen abiertas más tiempo, el calor acumulado durante la tarde comienza a escapar con mayor rapidez a través del cristal. De este modo, si convertimos este gesto en rutina podremos conservar parte de esa energía gratuita y, en consecuencia, a reducir ligeramente el uso de la calefacción en las horas posteriores.

Expertos instan a cerrar las cortinas de casa a partir de las 19:45 horas

Durante el día, especialmente en casas con buena orientación, las ventanas permiten que entre calor de forma natural. El efecto es similar al de un invernadero doméstico ya que la radiación atraviesa el vidrio y eleva la temperatura interior. En marzo, cuando el sol empieza a ganar fuerza, esa aportación puede ser más relevante de lo que parece.

El problema no es la entrada de calor, sino su salida. En cuanto el sol desaparece, el vidrio se enfría rápidamente porque está en contacto directo con el exterior. Y el calor interior busca equilibrarse con el frío de fuera. Las ventanas, incluso las modernas, son uno de los puntos más débiles del aislamiento térmico de una vivienda. Si las cortinas permanecen abiertas, el intercambio térmico es más rápido. El cristal actúa como una superficie fría que absorbe parte del calor interior durante horas.

El papel de las cortinas como barrera

Cerrar las cortinas no convierte la ventana en un muro aislante, pero sí añade una capa adicional de protección. Entre la tela y el cristal se genera una pequeña cámara de aire que ralentiza el flujo de calor. Ese aire queda relativamente inmóvil y funciona como una barrera térmica natural.

El resultado práctico es sencillo de entender, ya que la habitación tarda más tiempo en enfriarse. El descenso de temperatura es más progresivo y la sensación de frío cerca de la ventana disminuye. En viviendas con grandes ventanales o carpinterías antiguas, el efecto puede notarse especialmente. Hay hogares donde, tras la puesta de sol, la temperatura interior puede bajar varios grados en pocas horas si el vidrio queda completamente expuesto.

¿De verdad se nota en la factura?

La respuesta depende del tipo de vivienda. En pisos bien aislados y con doble o triple acristalamiento, el impacto será menor. Pero en edificios antiguos o con ventanas menos eficientes, la diferencia puede ser apreciable.

No se trata de ahorrar una cifra espectacular de un día para otro. El efecto es acumulativo. Si cada noche la casa conserva mejor el calor durante varias horas, la calefacción puede activarse menos tiempo o a menor intensidad. Y una reducción de apenas un grado en el termostato sostenida durante semanas sí tiene impacto en el consumo mensual. En un contexto en el que los precios energéticos siguen siendo sensibles a factores internacionales y geopolíticos, cualquier ajuste razonable en los hábitos domésticos cobra relevancia.

No todas las cortinas aíslan igual

Otro aspecto importante es el tipo de tejido. Las cortinas finas o puramente decorativas apenas ofrecen resistencia al frío. En cambio, los materiales densos, pesados o con forro térmico multiplican la capacidad aislante.

Las más eficaces suelen ser:

Quienes no quieran cambiar las actuales pueden mejorar el resultado añadiendo una segunda capa o asegurándose de que la tela cubre bien los laterales para evitar corrientes de aire.

Al final, lo interesante de este consejo es que no exige tecnología ni gasto. Basta con aprovechar el calor solar durante el día y conservarlo cuando desaparece la fuente que lo genera. Abrir bien las cortinas mientras haya sol y cerrarlas en torno a las 19:45 horas durante estas fechas responde a una lógica física sencilla ya que nos permite capturar energía gratuita y minimizar su pérdida cuando el exterior se enfría.