Sánchez, la risa tonta del autócrata
La respuesta del presidente del Gobierno a la aprobación, por mayoría absoluta, de la moción presentada por el PP en que se instaba a Pedro Sánchez a someterse a una moción de censura y dimitir fue la de reírse en tono burlón, mientras la bancada socialista aplaudía en actitud desafiante. Es la manera que tiene el autócrata de la Moncloa de ciscarse en la democracia, porque aunque la iniciativa tenga únicamente un carácter simbólico, no es menos cierto que sirve como prueba de que Sánchez no tiene la confianza ni los apoyos suficientes para seguir siendo presidente. La respuesta de Sánchez, esa risa, refleja con toda nitidez sus niveles de ignominia. El Parlamento se ha expresado en una votación no vinculante, pero sí democrática, y Pedro Sánchez responde jactándose de que el resultado no tenga efectos jurídicos, pero sí políticos, con una carcajada alentada con una reacción lanar desde el grupo socialista. Al final, esa risa —nerviosa, desafiante, tonta o puramente chulesca— es la prueba del nueve de que está hecho de una pasta moral reactiva a las más elementales normas y valores democráticos.
En definitiva, que la permanencia de Pedro Sánchez al frente de la jefatura del Gobierno será legal, pero carece ya, de forma fehaciente, de legitimidad democrática, porque sigue en el cargo en contra de la voluntad popular que encarna el Parlamento. Y eso es así, por mucho que el presidente del Gobierno se burle de la moción que ha salido adelante en el Congreso con los votos de PP, Vox, Junts y UPN. Su risa, en todo caso, es la prueba evidente del nulo respeto que el presidente del Gobierno siente por las decisiones tomadas en la sede de la soberanía nacional, equivalente al nulo respeto que siente por las decisiones judiciales. Es, en definitiva, la risa -nerviosa, desafiante, tonta o puramente chulesca- de un autócrata narcisista de libro.
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