Los ‘alemanes’ de Asturias

Los ‘alemanes’ de Asturias

La ironía tiene un sentido del humor exquisito.

Durante años hemos escuchado que los culpables de la crisis de la vivienda en Mallorca eran los alemanes, o, en general, cualquier ciudadano europeo que decidiera comprar una propiedad en la isla. Se les señaló como si fueran los responsables de que un mallorquín no pudiera permitirse vivir donde nació.

Y ahora resulta que cada vez son más los mallorquines que compran viviendas en Asturias.

No, no hablamos de grandes fortunas que llegan con el bolsillo lleno tras vender un chalé frente al mar. Muchos son jóvenes, trabajadores y familias que jamás pudieron acceder a una vivienda en propiedad en Mallorca. Han sido desterrados del mercado inmobiliario de su propia tierra. No emigran por capricho. Se marchan porque quedarse se ha convertido en un lujo.

Pero lo interesante no es que compren casas en Asturias. Lo interesante es la reacción.

Empiezan a escucharse voces que advierten de que la llegada de compradores procedentes de Baleares tensiona el mercado, eleva los precios de la vivienda y dificulta el acceso a la vivienda para los asturianos.

¿Les suena?

Es exactamente el mismo discurso. Solo han cambiado los nombres y la procedencia.

Y ahí aparece el espejo. Ese objeto incómodo que la política intenta esquivar porque devuelve una imagen demasiado parecida a la realidad.

Si ayer era comprensible que un mallorquín mirara con recelo al ciudadano europeo que compraba una casa en la isla, hoy también lo es que un asturiano observe con preocupación cómo llegan compradores desde Baleares. Quien no entienda una de las dos situaciones, probablemente tampoco ha entendido la otra.

Pero quizá el error empezó mucho antes.

Porque el resentimiento siempre eligió al protagonista equivocado. Se culpó al comprador y apenas se habló del vendedor. Curiosa forma de entender una compraventa: uno compra porque otro decide vender. Sin esa segunda voluntad no existe operación alguna. Sin embargo, el dedo acusador siempre apuntó al que llegaba, nunca al que entregaba las llaves.

Y mientras discutíamos sobre el origen del comprador, los verdaderos responsables respiraban tranquilos. Décadas de políticas incapaces de aumentar la oferta de vivienda, de facilitar su construcción y de garantizar que los españoles pudiéramos acceder a un hogar fueron sustituidas por un relato mucho más cómodo: buscar un culpable con acento extranjero.

Ahora el escenario ha cambiado. Los «extranjeros» de Asturias hablan español… y algunos también hasta mallorquín.

Los personajes cambian. La obra es la misma.

Quizá convenga aprender la lección antes de volver a buscar culpables donde no están. Porque cuando los mallorquines empiezan a convertirse en los «alemanes» de Asturias, no ha cambiado el problema. Lo único que ha cambiado es el espejo. Y los espejos, por incómodos que resulten, tienen la desagradable costumbre de decir la verdad.

David Gil de Paz, es portavoz adjunto de VOX en el Consell de Mallorca.

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