Sánchez se ha enfurruñado
Se ha enfadado el yerno de Sabiniano, el padre de Begoña, que hizo fortuna con el sudor y las lágrimas de los hombres y mujeres a los que explotaba en sus puticlubs y saunas sexuales. Ya sé que resulta cansino nombrar a su suegro cada vez que se menciona al presidente del Gobierno, pero es obligado repetir hasta la saciedad que Pedro Sánchez «ha sido partícipe a título lucrativo del abominable ejercicio de la prostitución», como Alberto Núñez Feijóo le espetó a la cara desde la tribuna del Congreso, sin que ni el PSOE ni ninguno de sus cómplices hayan hecho nada para quitarse de encima a quien se ha lucrado de la prostitución. Sin hablar de las «grabaciones de personajes del ámbito político» que el excomisario Villarejo afirmó que se realizaban en dichos prostíbulos y de las que alguien sin escrúpulos se habría beneficiado para iniciar su carrera política.
Sánchez, el Saunas, se ha enfurruñado porque las condenas que ya le han llegado le han convencido de que va a ser inevitable que la lista siga creciendo hasta sepultarlo bajo sentencias judiciales. De nada le sirvió nombrar a fiscales generales del Estado tan sumisos a sus instrucciones como para que pudiera presumir de que dependen de él, sin sonrojarse. Para nada le ha valido engañar al PP para volver a repartirse entre ambos el Consejo General del Poder Judicial. Poco provecho ha sacado de tener al frente del Tribunal Constitucional a un personaje tan servil como Cándido Conde-Pumpido. Ningún beneficio ha conseguido de las reformas judiciales con las que su ministro Bolaños intenta convertir la judicatura en un organismo tan manejable como la fiscalía. Tanto esfuerzo para que, al final, todos los delincuentes que le rodean estén siendo condenados uno tras otro.
Al One le ha contrariado que no haya servido para nada la cloaca que hizo que le diseñara Santos Cerdán tras la carta a la ciudadanía con la que anunció que se tomaba cinco días de reflexión para decidir si merecía la pena seguir adelante tras la imputación de su esposa, la hija de Sabiniano. En ese momento, cuando aún no había condenas, a Sánchez le bastaba con poner a toda su maquinaria mediática a hablar de bulos de la ultraderecha, de campañas de desinformación, de máquinas del fango e invenciones periodísticas de los panfletos de la fachosfera. Decían que la acusación particular la ejercían los nazis basándose en cuatro recortes de prensa de los medios de comunicación franquistas y se quedaban tan anchos. Hasta que han empezado a llegar las condenas y, como ya se les ha acabado el cuento de los bulos, ahora no les queda más remedio que embestir como becerros contra los jueces independientes.
Primero llegó la condena de su fiscal, Álvaro García Ortiz, luego la de su mano derecha, José Luis Ábalos, junto a la de Koldo García Izaguirre, ese que viajaba con él en el Peugeot y le custodiaba los avales en las primarias. Ahora ya están condenados también su hermano David y el que fuera presidente socialista de la Diputación de Badajoz, Miguel Ángel Gallardo, junto a otros nueve políticos socialistas y funcionarios que prevaricaron con ellos. Y todas estas condenas han convencido a Pedro Sánchez de que todo lo que ha intentado no ha servido para nada. Que todos sus fontaneros y cloaqueros han fallado y que va a ser inevitable que a los ya condenados se acaben sumando su mujer, Begoña, la hija del proxeneta, su empresario, Barrabés, su otra mano derecha, Santos Cerdán, su «militante de base», Leire Díez, su directora general de la Guardia Civil, Mercedes González, el DAO, los de la SEPI, la gerente del PSOE… No caben todos aquí, pero algunos medios hablan de un total de 126 imputados en los casos que rodean a Pedro Sánchez. Pero el presidente del Gobierno no se enfada con los delincuentes que han actuado contra la ley; Sánchez se ha enfurruñado porque ve que todos los esfuerzos que ha hecho para manejar a su antojo la justicia no han servido para nada.
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