Sánchez como némesis y el sanchismo como objetivo
En estos días todo el mundo tiene la explicación superferolítica para la incertidumbre que está generando en la derecha el crecimiento electoral y social de Vox. Y habría que empezar por negar la mayor y aclarar a los hiperventilados del sanchismo mediático que incrementar los apoyos es como incrementar la riqueza, ¡cualquier cosa menos un problema! Visto por bloques, tanto en Extremadura como en Aragón como en las encuestas, la derecha apaliza a la izquierda, pero es verdad que puesto el zoom hay uno que se beneficia más que otro, porque no es lo mismo comerse un pollo que comerse cuatro, aunque entre los dos se coman cinco.
Por eso, aunque Vox haya financiado en el centro derecha una pequeña parte de su crecimiento, si se incrementa la diferencia entre bloques y si el PP amplía su ventaja con el PSOE, lo último que deben hacer los populares es sobreactuar y empeñarse en marcar a los de Abascal saltando a todos sus demarrajes. Al contrario, momento es para reafirmarse en su espacio y no intentar ocupar el de los demás; de explicar sus políticas y no enredar con brebajes subidos de cafeína; de reconfirmar sus principios y no comprar otros. Es cierto que con todo lo que se dice y con todo lo que se escribe debe ser muy complicado mantener la tranquilidad, pero Feijóo debería reclamar la atención sin aspavientos y, repitiendo aquellas palabras de Jesús que recogía san Mateo, Habéis oído que se dijo… pero yo os digo… insistir, ni en más ni en menos, en los mensajes que todos sus votantes esperan oír y no en los que quieren oír los que no le votan.
Como se está viendo en toda Europa, la derecha está abriendo su espectro y es imposible para los partidos conservadores tradicionales ocupar en la totalidad esos nuevos espacios que, con posiciones más demagógicas y populistas, resulta más fácil rellenar con apoyos que vienen directamente de entornos con esas características que están en la izquierda. No debería haber, por tanto, mayor drama en el PP por un crecimiento de Vox que reduce las bases que auparon y mantienen el sanchismo; porque ese es un río de aguas bravas, que vienen de aluvión o de riada, y en el que es imposible pescar con aparejos delicados y técnicas sutiles con las que sí consigue capturar por decantación el voto moderado de centro izquierda. Porque es en la propia izquierda donde está justamente el ejemplo de lo que no hay que hacer. Andan en el PSOE matando al padre (eso es casi literal), abjurando de la socialdemocracia y acercándose cada vez más a un radicalismo, si no antisistema, sí anticonstitucional; y, al final, pierden por un lado lo que ganan por el otro… ¡cuando no lo pierden por los dos lados!
Tiempo es para caminar con convicción, pero con serenidad; el compromiso irrenunciable del PP debe ser el de desmontar el sanchismo desde la a hasta la z, pero sin estridencias y derrapajes, y sin apuntarse a las soluciones simplistas, que apuntan los que nunca tendrán la responsabilidad de implementarlas, para los problemas estructurales que se sufren en España y en Europa. Está claro que Feijóo no es un político para entusiasmar, pero tampoco lo es para asustar; será su obligación acabar con el sectarismo ideológico del sanchismo, pero de ninguna manera debe colaborar en el levantamiento de un nuevo muro. Además, se le ha abierto de par en par una gran ventana de oportunidad, y ante la catástrofe de gestión en que ha eclosionado el sanchismo, sus bazas son la confiabilidad, la eficacia y la eficiencia.
En una Europa, que empieza a volver tímidamente del wokismo, están deseando ver una España alineada con unos mensajes y unas políticas que son exactamente los de la derecha liberal y en las que Feijóo se debería encontrar muy cómodo. Vistas sus limitaciones idiomáticas, es posible que ese acercamiento a los líderes europeos lo tenga que hacer en español o en gallego, pero siempre será mejor que decir en inglés ocurrencias trasnochadas que nadie quiere oír.
Tiene entonces el líder popular materias para ocuparse, pero el que de verdad debe preocuparse es un Pedro Sánchez que, si ya no podía salir de la Moncloa, ahora también se ha convertido en un apestado para la comunidad internacional. Excluido de los centros de decisión europeos, solo practicará su inglés colegial conferenciando en alguna universidad piji-progre o con sus neocomunistas colegas del Grupo de Puebla.
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