Opinión

Los «quintacolumnistas» de Mohamed VI

  • Graciano Palomo
  • Periodista y escritor con más de 40 años de experiencia. Especializado en la Transición y el centro derecha español. Fui jefe de Información Política en la agencia EFE. Escribo sobre política nacional

Dentro de la guerra híbrida que la corrupta monarquía alauita ha decidido declarar a España, no podemos olvidar a sus bien pagados «quintacolumnistas» como en cualquier conflicto que se precie.

En España, los plumíferos, por un lado, y por otro los lobistas del decrépito Mohamed VI son tan descriptibles que me imagino anden trastabilleando en la actual hora cuando estalle definitivamente la tensión generada por Rabat. Se terminará sabiendo los nombres y los apellidos, los montantes económicos y, sobre todo, si hubo o hay traición.

Que entre esos lobistas se encuentren ex ministros socialistas, quizá también algún otro del Partido Popular, no debe extrañar a nadie conociendo su voracidad dineraria; sí, en cambio, que hayan o estén trabajando para Rabat, un régimen dictatorial donde los haya, donde no se respetan los mínimos derechos humanos, aquellos que se hicieron famosos en política pregonando el socialismo y la igualdad. En estos tipejos todo es mentira, como en el que fue (o es) su jefe inmarcesible, José Luis Rodríguez Zapatero.

Algo parecido puede estar ocurriendo con aquellos detentadores de opiniones publicadas que, héte aquí, siempre aparece su patita para defender la abyectud corrosiva de un régimen tan corrupto como sus pretensiones. Ellos sabrán. Mucho me temo que sus nombres también terminarán por adornar la galería de gentes sin vergüenza, aunque sí con avaricia.

Frente a eso, España ni siquiera dispone de esa legión de diplomáticos que cobran mucho por no hacer nada. Prueba de ello es que el Reino de España está perdiendo todos los relatos en todas las partes del mundo. Desde el Congreso de los Estados Unidos (donde Rabat también ha «tocado» a diversos congresistas, por precio) a periódicos influyentes de la Unión Europea y europarlamentarios de todos los colores. El Estado español está inerme.

Ni siquiera los editorialistas, por un lado, y los dirigentes políticos internacionales, por otro, se han enterado de que Ceuta es española desde siglos antes de que se constituyera siquiera Marruecos, una amalgama de tribus inconexas y con intereses contrapuestos y hasta espurios.