Que tengan que ser los gitanos los den la cara ante los menas…
En privado es una de las quejas más recurrentes. La presencia masiva de menas en Mallorca se ha convertido en un problema social. En un problema real. La inseguridad ha aumentado exponencialmente no sólo en la isla, sino en toda España. No hay día en el que no se produzca un incidente violento protagonizado por estos menores no acompañados de origen magrebí. El último ejemplo es el de la chica que fue apalizada en Vitoria el pasado fin de semana.
Sin embargo en público sigue costando admitir la naturaleza y el origen del problema. La izquierda dirige inmediatamente su mirada inquisitoria hacia todo aquel que se atreve a levantar la voz ante la cascada de violencia que acompaña a la emigración ilegal y no vacila en etiquetarle de «racista» a través o bien de las redes sociales o de esos medios de comunicación a los que tienen perfectamente adiestrados -a base de subvenciones- para que «eviten» mencionar la nacionalidad de los autores de los delitos . Ante esa amenaza muchos agachan la cabeza y guardan silencio. Y, mientras, aumenta la inseguridad. Cada día más.
Los gitanos de Son Roca han dado estos días una lección de la que todos deberíamos aprender. Cansados de las fechorías y de los abusos de los menas se han plantado multitudinariamente frente al centro de acogida para exigir su desmantelamiento. Al parecer el Govern les ha hecho caso -porque oficialmente se guarda el más absoluto silencio- y van a trasladar a los menores a otro lugar. Es decir, no van a solucionar el problema: simplemente se lo endosarán a otro. Es que en realidad nunca han tenido la intención de solucionar. Es más, su hoja de ruta pasa por seguir trayendo menas. Cuantos más, mejor.
Es cierto también que el grupo político VOX, con Jorge Campos a la cabeza, no ha dejado de denunciar ni un solo día el grave peligro que supone este incremento de emigración ilegal y descontrolada. Son los únicos, porque el PP también guarda silencio y por supuesto toda la izquierda apoya sin reservas la llegada masiva de magrebíes, no por ninguna razón humanitaria, no nos engañemos -si tuvieran sentimientos humanitarios no habrían dejado sin investigar los abusos a las menores tuteladas-, sino porque están convencidos de que ahí reside la cantera de sus votos futuros. ¿Que a costa de esos votos Mallorca se convierte en un foco de peligro social y de inseguridad y que eso redunda también en la economía, porque lógicamente poco a poco los turistas no van a querer venir a un sitio en el que no se sienten a salvo? Eso a ellos les da absolutamente igual.
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