Prometer lo imposible no es gratis, sale muy caro
El populismo económico es lo último que necesita España para que su estabilidad persista tras el cambio de Gobierno. Prometer una subida salarial del 10% a todos los trabajadores es irresponsable, además de que le puede salir muy caro al crecimiento económico que nos mantiene a la cabeza de las principales economías de la Unión Europea. La nueva ministra de Trabajo, Magdalena Valerio, no haría mal en optar por la senda del trabajo riguroso y la actitud mesurada y congruente que caracterizó a su predecesora en el cargo, la popular Fátima Báñez. El éxito de la creación de trabajo y, por tanto, de la espectacular evolución de la economía española, se debió, entre otras cosas, a que Báñez supo mantener alejadas de las negociaciones a las centrales sindicales.
Esta medida de Valerio puede contraer el ritmo de contratación, ya que no sólo atañe al sector público, sino que también incluye al sector privado. En concreto, esta subida estribaría entre el 2,5% y el 3,5% en los próximos tres años. La «precariedad, la desigualdad y la pobreza», como apunta de manera grandilocuente el PSOE, no se combate con recetas mágicas ni sacando conejos de la chistera económica, sino con una trayectoria donde el sentido común se imponga a los impulsos y se consideren las consecuencias tanto o más que las propias decisiones. Esta maniobra por parte de Valerio parece destinada a ganarse el favor de los sindicatos y que así la calle esté tranquila con un Gobierno tan frágil como el que preside Pedro Sánchez.
El plan de la ministra de Trabajo supondría una merma en la competitividad de las empresas. Ha sido la moderación salarial, amén del resto de medidas de la exitosa reforma laboral, lo que ha posibilitado en estos últimos años que España resurgiera del desastre económico en el que la sumió José Luis Rodríguez Zapatero. Al final, se ha consolidando una recuperación que ha costado mucho sacrificio a todos los ciudadanos y que se podría malograr ahora mediante ocurrencias electoralistas. Algo imperdonable. Ya sabemos que el gasto adicional no sólo está desaconsejado por Bruselas, sino que además tendría que reponerse mediante una mayor carga de impuestos. Elementos que nos llevarían a una parálisis de la evolución económica y que, de persistir, podría ocasionar una nueva crisis. Al menos, no podremos decir que no estábamos avisados.
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