El post pedrismo

El post pedrismo
  • Pedro Corral
  • Escritor, investigador de la Guerra Civil y periodista. Ex asesor de asuntos culturales en el gabinete de presidencia durante la última legislatura de José María Aznar. Actual diputado en la Asamblea de Madrid. Escribo sobre política y cultura.

En el cuaderno de bitácora de la corrupción del régimen de Pedro Sánchez figura una única feliz expresión: el «post pedrismo». La libreta de Leire Díez barruntaba así las consecuencias de sus propias anotaciones. Es posiblemente el primer caso en que se observe a una carcoma mordiéndose nada frugalmente la cola.

El cuaderno de la fontanera es el complemento de la carta de amor que Sánchez se escribió a sí mismo en abril de 2024 en su retiro eremítico de cinco días en lo alto de su propia columna vertebral.

Pedro el estilita, el estirado, el estéreo de su propio narcisismo, decidió entonces hurtar a los españoles su presencia doliente por la investigación judicial a su mujer y se metió durante casi una semana en la cueva de su propio ahuecamiento vanidoso.

Se nos dijo que se retiraba a meditar, pero en realidad se dedicó a practicar el ominoso oficio de tinieblas del que se tiene por divino, que es el que se dirige a sí mismo como creyente y a la vez como creído: urdir un castigo sin piedad contra sus enemigos.

Como recuerda David Toscana en su novela El ejército ciego, el emperador bizantino Basilio sacó los ojos de quince mil prisioneros búlgaros, dejando tuerto a uno de cada cien para que guíe a los demás, como ha hecho Sánchez con María Jesús Montero en Andalucía, y como hará con Óscar López en Madrid, por postularse ambos precisamente para el post pedrismo.

Allí empezó la línea de salida de la carrera de Leire por los páramos de Pedro y los laberintos de la soledad de su poder. A pesar de subastar su falta de principios a los peores postores entre sus socios al precio de la descomposición constitucional, Sánchez descubrió que su poder era limitado, que había lindes, barreras y frenos a su desbocada arbitrariedad y a su régimen cleptómano.

Sus ansias de prolongar su estancia en La Moncloa afloraron con más determinación que nunca al atisbar su efímera condición de paseante en cortes y mangas.

Cuando empezó a erupcionar la colada excrementicia en torno a los chanchullos de su familia, los abusos de su Gobierno y las mordidas de su partido, ordenó cartografiar las brechas, las grietas, las fisuras de lo que hasta entonces consideraba un sólido blocao. De ahí que las debilidades del blocao pasaran a ser inscripciones en el bloc de Leire, convertida en lavandera de trapos sucios y notaria de escenas del delito.

Allí volcó Leire, con caligrafía escapada de unos cuadernos Rubio completados bajo el traqueteo de un AVE de la era Puente, los intestinos de sus maniobras en la oscuridad contra todo el que, desafiante, no farfullara el credo divino de Pedro. Aquella inacabable artesa llena de entresijos, gallinejas y zarajos son los que finalmente van a provocarle al régimen una indigestión letal.

Ahí están revueltas todas las vísceras del complejo fecal-industrial que a la sombra de La Moncloa y Ferraz ha ido sometiéndose bajo la férula de Sánchez en empresas públicas o participadas. Ahí está el primer nivel del pozo negro, con ramificaciones exteriores que explican las genuflexiones de Sánchez y Albares ante todas las satrapías del otro lado de nuestras fronteras.

Que el primer saco de inmundicia que ha delatado a la trama se llame Plus Ultra es pura justicia poética. Más allá están los casos de las mascarillas, el de los hidrocarburos, el de la cátedra para la mujer, que no tenía título ni para ser su propia alumna, y el del hermano incompatible con la vida laboral, el fisco y el talento, con todos sus anexos, incluidos los joyones del memorioso Zapatero, que ahora se escudaría en no recordar su procedencia.

El segundo nivel de la perforación de los detritos sanchistas anotado por Leire es el del intento de descomposición de las instituciones, proyecto inimaginable si no fuera porque contaba dentro y fuera de ellas con fieles agentes bacteriológicos dispuestos a devorar insaciablemente el oxígeno de la legalidad y la neutralidad institucionales hasta llevarlos a la total putrefacción.

Aquí la Cloaca Máxima del sanchismo, que nada tiene que envidiar a la del rey de Roma, ha presentado su mayor dimensión, con su plan de persecución mafiosa contra los hombres y mujeres que empezaban a combatir el dantesco hedor que brotaba tras la cortina de buenismo y supremacismo moral del régimen. Hasta Leire apuntó un número de efectivos, 61, de la división de colegas al servicio de la trama: la «retrete mediática».

Afortunadamente, frente a estas pretensiones, la actuación democrática, justa y valiente de aquellos hombres y mujeres buenos ha desbaratado el venenoso ataque, poniendo en marcha una asepsia que ha prevenido el riesgo de que la putrefacción de Ferraz y La Moncloa se infiltrara al conjunto del Estado.

A estos héroes les debemos no sólo la salvación del Estado, sino la de nuestra democracia. El proyecto de regeneración democrática que se acometa entre las ruinas hediondas del sanchismo deberá tener presente el ejemplo de dignidad de este puñado de españoles. Todos tenemos el deber de hacernos merecedores de ellos.

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