Nuestra división, su fortaleza
La división política tras los atentados de Barcelona y Cambrils fortalece a los terroristas de ISIS que habitan y se esconden en nuestro país. Mientras británicos y estadounidenses incrementan sus efectivos para combatir a los líderes de la yihad en Irak y Afganistán, algunos de nuestros representantes públicos son incapaces de remar en la misma dirección. Lejos de llegar a un acuerdo para poner en funcionamiento todos los medios ante la mayor amenaza del mundo libre, hacen política con la tragedia y provocan un contexto idóneo para que la muerte colonice de nuevo nuestras calles y plazas. El Pacto Antiyihadista debería ser el símbolo que aunara una voluntad férrea contra los asesinos. Sin embargo, los populistas de Podemos —tercera fuerza en el Congreso, no lo olvidemos— y los antisistema de la CUP están haciendo todo lo posible para desestabilizar la seguridad nacional. Incluso, a costa de ningunear al jefe de Estado.
Representantes de la CUP han llegado a acusar a Felipe VI de financiar el terrorismo islámico. Semejante dislate ha tenido continuidad gracias a Podemos Barcelona. Revestida de una autoridad que oscila entre la fatuidad y el ridículo, la formación de Pablo Iglesias exige que el Rey no esté en la manifestación del próximo sábado en la ciudad condal. De seguir así, los yihadistas nos golpearán cada vez con más asiduidad, ya que convierten nuestra debilidad en su fortaleza. A pesar del ímprobo trabajo de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, la división institucional y la laxitud ejecutiva de dirigentes como Ada Colau —bolardos no, borlados sí— entorpecen las labores de prevención.
Esta falta de voluntad, a pesar de tener una Policía con menos nivel que la nuestra, resulta inimaginable en Francia, Alemania o el propio Reino Unido. Países que han sufrido el drama en sus propias calles pero que, sin embargo, han encarado el problema con una unión ejemplar. Nuestra imagen en el exterior resulta lamentable por culpa de estos advenedizos de la política. Nuestra consistencia como país, una duda. Si no somos capaces de estar unidos en momentos así, ¿cómo vamos a derrotar a un enemigo que ha propuesto una guerra de facto sobre el tapete global? El último mensaje de ISIS es en español —por primera vez— y nos sitúa en el centro de la diana: «Al Andalus será parte del califato». Es momento de políticos responsables, a la altura de las circunstancias. Todo lo demás es una invitación indirecta al terror. No se puede ofrecer margaritas a los que sólo entienden de muerte y destrucción. No se puede hacer de la desunión el combustible del terrorismo.
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