Se viene un golpe de Estado legal

Se viene un golpe de Estado legal

Mientras seguimos «despistados» con la sucesión de informaciones delictivas que el Psobre nos brinda, y el equipo de relatores sincronizados, mitad activistas, mitad palmeros, nos cuenta la nueva milonga que Zapatero les dictó, cenando, la noche anterior, sobreviene un problema aún mayor que pondrá en jaque las estructuras del Estado, el sistema electoral y la resistencia ciudadana ante el poder político de un sujeto que no conoce el límite en su cargo y mandato: hablamos del pucherazo electoral confirmado que, vía alteración del censo electoral, importará nuevos electores al sistema para las generales de 2027, ciudadanos que nunca han pisado España ni han cotizado un solo euro para la saca pública pero sí tendrán la oportunidad de decidir quién ocupará Moncloa los próximos años, tal vez decenios.

Como Sánchez se está quedando sin votantes, los tiene que comprar. Cuando dentro de un año se presenten de manera fraudulenta dos millones de nuevos nacionalizados con derecho a voto, convirtiendo a la argentina Buenos Aires en la tercera provincia española en número de votos, nos preguntaremos qué hemos hecho para evitar ese golpe de Estado electoral, un asalto legal al censo (porque se hará a través de la ley) que, junto a las regularizaciones masivas impulsadas -podrán votar ya en los siguientes comicios-, convertirán a Sánchez en el dictador bolivariano que siempre soñó ser.

Mientras la cueva de Alí Ferraz coloca a sus portavoces ateneos a ladrar «extrema derecha» y provocar guerracivilismo retórico, la derecha política saca a pasear este discurso contra el pucherazo que viene muy de vez en cuando. Es la diferencia entre considerar a tu oponente como un actor legítimo pero equivocado que situarlo como malvado enemigo al que hay que eliminar por vía legal o criminal.

Los golpes de Estado modernos ya no se dan con las botas, sino con los votos. El escenario que en 2027 está preparando nuestro particular Ceaucescu, un tipo que piensa como autócrata, camina como autócrata, habla como autócrata, actúa como autócrata y se inventa historias como autócrata, no tendrá reverso si no se actúa con la urgente prevención que la situación exige. El PSOE ya ha puesto a los funcionarios de las embajadas y consulados a compulsar de manera frenética sellos nacionalizadores a descendientes de exiliados y/o represaliados. Al mismo tiempo, Sánchez ordenó al bajabraguetas Salazar que hiciera las Américas para garantizar el voto comprado, antes rogado, de quienes elegirán PSOE sí o sí, aunque no sepan ni por donde meandra el Pisuerga.

Llevan meses de adelanto, qué digo meses, años, ejecutando un escenario electoral que acabará con la democracia para siempre, insertando a miles de electores en esas provincias pequeñas donde el escaño oscila más fácil a poco que se dope una papeleta sobre otra. Cuando desde esa cúspide totalitaria, el napoleoncito de las saunas se ría de quienes hoy le piden que dimita como si eso fuera a provocar algo más que su carcajada con bruxismo, presentará su victoria a lo Torcuato Fernández-Miranda: un triunfo de la ley a la ley a través de la ley. Y a pastar.

Y la oposición seguirá pensando que el problema del PSOE es que está equivocado, que la corrupción sólo afecta a una parte mínima del sistema, que a los socios cloaca se les puede convencer y que con discursos en el parlamento la deriva totalitaria se puede frenar. O PP y VOX centran de aquí a generales su discurso en la denuncia constante sobre esa adulteración ilegítima del censo y el robo electoral que se avecina, o tendrán que resetearse fuera de nuestras fronteras, como le ocurrió a los partidos democráticos de Venezuela a partir de 1999, justo cuando otro autócrata llegó al poder prometiendo acabar con la corrupción.

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