Lo de un tal García
La escandalera nacional y europea (Parlamento Europeo) montada a cuento del nuevo lío del muchacho burgalés de Vox tendría que hacer reflexionar a los dirigentes nacionales de este partido, donde hay cabezas con muchos quilates, como Iván Espinosa de los Monteros, Ignacio Garriga o Jorge Buxadé.
Lo primero que hay que escribir, y escribo, es que la crítica a una pésima gestión política no significa, ni puede significar en modo alguno, que el firmante no esté a favor de la vida del no nasciturus o tenga una deriva proabortista. Está simplemente con la libertad y la responsabilidad. No tendría que hacer falta recordar que cuando se está en una posición institucional, con responsabilidades de gobierno, hay que ser enormemente cuidadoso con los pronunciamientos. Ser vicepresidente de un gobierno regional no es irse de cañas por la parte antigua de Burgos.
Seguramente sin pretenderlo (peor lo pone), el señor García Gallardo está haciendo la campaña a Sánchez y su izquierda y coloca al conjunto del gobierno autónomo y a su presidente en una difícil situación. No es la primera vez que esto ocurre; nada tiene de extraño que se le conozca en los ambientes políticos de Castilla y León como el «chico de los líos» en una carrera desbocada en busca de protagonismo con el que adornar se escasa entidad como dirigente político y lo que resulta más grave, como gobernante.
Si se critica con razón y argumentos la indigencia intelectual y técnica de la izquierdona y de sus representantes en el Gobierno no se puede mirar hacia otro lado cuando los desbarres constantes, provienen de sus conmilitones extremos en este caso en la derecha. El presidente Fernández Mañueco es persona de talante templado, amante del pacto y moderado. Tiene años de experiencia, no le interesa la bronca y ello se deja notar. Cierto es que los resultados de las últimas elecciones propiciaron que se echara en manos de Voxpara obtener la investidura; visto lo comprobado, quizá hubiera sido mejor intentar una gobernabilidad en solitario o haber llamado a los castellanoleoneses de nuevo a las urnas.
El caso del vicepresidente voxístico es un claro ejemplo de cómo han venido al servicio público las nuevas generaciones. Sin duda, hay centenares, incluso, miles más, pero ello no dejar de ser óbice el regocijo de la izquierda y el regusto de todos los sanchistas.
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