Lambán y Page, últimos del ‘felipismo’
Llega la hora de la verdad –ciudadanos ante las urnas- y ya no valen retruécanos, retorcimientos ni composturas hueras. En este contexto electoral resulta enternecedor ver a los teóricos críticos del Partido Socialista bambolearse ante Pedro Sánchez en un sin vivir agónico porque son conscientes de que el leviatán monclovita no tiene un pase electoral en sus lares.
Incluso, el zigzaguante Fernández Vara en Extremadura se le llevan las culebras ante los vaciados de agua, el derribo de presas y el sinfín de fechorías perpetradas por esa activista/ministra (por este orden), llamada Teresa Ribera que no sabe por dónde sale el sol y mucho menos por dónde sopla el aire.
El aragonés Lambán, quizá el más honesto de todos ellos, anda realizando el pobre hombre llamadas angustiosas a sus paisanos para que no le tomen el número cambiado; apela para ello al voto de centroderecha como si los zaragozanos, turolenses y oscenses fueran bobos de baba. Lambán, no hace tanto, hizo unas declaraciones muy críticas de desmarque respecto a los pactos infernales de su jefe de fila con bilduetarras (Aragón sufrió una lacra asesina brutal), los independentistas (ERC y sus cuates le doblaron el pulso respecto a los Juegos Olímpicos de Invierno) y comunistas varios con los que el propio Lambán pactó. Mantuvo el tipo y la dignidad no más de cinco minutos, esto es, hasta que Santos Cerdán, el navarro, marcó su teléfono móvil y la cuadró. Lambán se puso a desfilar de inmediato al paso que le marcaba don Sánchez.
Por las informaciones que llegan desde la inmortal Zaragoza la batalla por dirigir los próximos cuatro años la Diputación General de Aragón está reñida. El candidato popular y alcalde de la capital mañana, Jorge Azcón, es un peso pesado y un político con muchos quilates. Si, finalmente, se alza con el santo y la señal, el varapalo por el sanchismo será de los que hacen época.
Más tierno resulta el caso del castellano manchego, Emiliano García-Page, gran heredero de José Bono, el multimillonario caribeño. García-Page es, electoralmente, un hueso difícil de roer. Se trata de un político en estado puro; sensato, hábil en el regate y con dos o tres ideas claras que en este país que todavía llamamos España no es cualquier cosa. Ha sido el más firme entre los tres tenores ante el desmadre de un Sánchez desbocado. En las últimas horas, ha puesto el dedo en la llaga respecto a la reforma a la baja del delito de malversación de caudales públicos, aunque, en efecto, viene brillando también por los excesivos juegos prestidigitadores.
En los tres territorios la baraka socialista de tantos años puede irse al averno. Sin olvidar la sufrida Comunidad Valenciana donde la corrupción le sale a Ximo Puig por debajo del peluquín.
Se admiten apuestas.
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