Opinión

Invasión en una guerra híbrida con Pegasus y Soros por detrás

Suele suceder que el mero paso del tiempo convierta graves y muy destacados acontecimientos en algo con lo que nos acostumbrarnos a convivir, y no se le da importancia porque -como ha dicho un destacado sanchista- «son cosas que pasan». Al parecer, que 80.000 personas accedieran ilegalmente a España violando nuestra integridad territorial es una de «esas cosas que pasan». Pero lo sucedido en Ceuta no había pasado en España desde hace siglos, salvo en tiempos de guerra, como la invasión de las tropas napoleónicas en la Guerra de la Independencia del siglo XIX. Al hablar de «tiempos de guerra», es necesario precisarlo porque actualmente está cada vez más presente la idea de «guerra híbrida», que ya tuvimos ocasión la pasada semana de comentarla.

Así podemos definir lo sucedido en la ciudad autónoma como una auténtica «invasión hibrida», no efectuada por medios militares, sino mediante medios no convencionales. Decenas de miles de inmigrantes marroquíes debidamente organizados, dirigidos y aleccionados han entrado ilegalmente a nuestro país. Y con miles de ellos no queriendo volver al suyo, creando un problema de convivencia a los ceutíes nunca vivido e inaceptable. Y así desestabilizar a España colocando su reivindicación sobre Ceuta y Melilla en el epicentro de su programa político para las elecciones generales del 23 de septiembre.

A esos efectos, tampoco es casual que el día de la invasión coincidiera con la Fiesta del Trono, aniversario del acceso de Mohamed VI a él, y Fiesta Nacional marroquí. La pasada semana los acontecimientos vinieron protagonizados por la celebración del Día de Ceuta el 2 de septiembre y por la comparecencia de Sánchez en el Congreso.

Como es sabido, el lema de «Ceuta no se vende, Ceuta se defiende» ha cuajado en el ánimo de multitud de españoles que salieron a la calle para expresar que «Ceuta es España», y que están dispuestos a defenderla. Por ello, resulta lamentable que la gestión del Gobierno haya colocado al Ejército en una situación que no corresponde ni a su misión Constitucional ni al respeto debido a su honor, ganado y reconocido por los españoles por su impecable cumplimiento del deber y su servicio a España. La Constitución, precisamente, les encomienda defender su integridad territorial, y es patético que grupos de esos inmigrantes se atrevan a agredir a los militares y que estos deban pedir ayuda a la Guardia Civil para defenderse. El Ejército jamás había vivido una ofensa así, y remite a Margarita Robles. Lo que unido a su demostración de disidencia a lo que decía su jefe desde la Tribuna del Hemiciclo exige una respuesta coherente con esa conducta por su parte, ya que se refería al CNI- que depende de ella-, acusándole implícitamente de no haber cumplido con su deber, al no informar previamente al gobierno de lo que se estaba organizando. Acusación de especial gravedad que confiemos la Justicia pueda aclarar si fue así.

Desde luego, la inmigración se ha convertido en un tema de gran relevancia cara a las próximas elecciones generales, convirtiendo el final de la estancia de Sanchez en la Moncloa en algo muy distinto de lo que en sus vacaciones en La Mareta podía imaginar. Este lamentable y vergonzoso suceso coloca a España en una posición de marginalidad en el Occidente político. Lo resume claramente el hecho de que 22 Estados de los 27 de la Unión Europea hayan escrito una carta conjunta impulsada por Italia y Dinamarca defendiendo que la UE «debe disuadir eficazmente y combatir sin descanso la inmigración ilegal». Ello, mientras Sánchez los legaliza masivamente.

Trump ha dicho en sus redes sociales que «España es un país arruinado con cero control de sus fronteras». No se olvide que Marruecos es aliado destacado de Estados Unidos e Israel en el Estrecho y África, con cuyos gobiernos el Frente Popular nos ha enemistado. Es inaceptable que Sánchez se comporte como un virtual monarca absoluto del siglo XVII, que considera que el Estado es él, regalando el Sáhara a Marruecos sin contraprestación política ninguna a España. Esta invasión forma parte de una guerra híbrida con Soros y Pegasus por detrás, con 142 muertos ya reconocidos.