Iglesias sube la apuesta: desprecio al Rey
Pablo Iglesias vive camuflado detrás de una cortina de humo que activa cada vez que se le amontonan los problemas internos en su partido. El día en el que Teresa Rodríguez planta cara a sus maneras dictatoriales y anuncia su intención de constituir Podemos Andalucía como una formación autónoma —Podemos Cataluña podría ser la próxima facción disidente— el secretario general de los morados, a través de su enemigo íntimo y portavoz parlamentario Íñigo Errejón, comunica que montará un nuevo show el próximo jueves en el Congreso de los Diputados. Esta vez, Iglesias sube la apuesta y ordena a los miembros de su partido que desprecien en masa la presencia de Felipe VI en el hemiciclo, quien se dirigirá a sus señorías en la sesión solemne de inicio de la XII Legislatura.
Los podemitas sólo estarán presentes durante la alocución del Jefe de Estado. Después, en una falta de educación flagrante, se ausentarán del desfile militar y del saludo que el Rey de España dará a todos los parlamentarios. Este comportamiento es otro insulto más a la sede de la soberanía nacional y, por extensión, a todos los españoles. Impropio de unos políticos pagados con el dinero público de la Monarquía parlamentaria que da forma a nuestro Estado y a la que no cuestionan a la hora de cobrar. No obstante, esta nueva prueba de radicalidad no puede sorprender a nadie. El populismo es a Podemos el todo de un discurso carente de contenido.
Si el pasado 29 de octubre, durante la investidura de Mariano Rajoy, utilizaron el miedo como arma política al apoyar el escrache al Congreso que acabó con agresiones a periodistas y a políticos de Ciudadanos, ahora le toca el turno a la máxima figura representativa de la nación: el Rey. Desde que consiguieran presencia en la Cámara Baja, Iglesias ha elevado tanto el tono de crispación y enfrentamiento que su actividad parlamentaria se ha convertido en mero ruido. Una senda en la que le acompañan el inefable Gabriel Rufián y sus compañeros de ERC. Los independentistas catalanes tampoco comparecerán en la constitución de las Cortes Generales. El motivo que esgrimen es que «el Rey sigue sin pedir perdón a la presidenta del Parlament». De tan disparatados, cada argumento de estas dos formaciones parece un chiste.
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