Opinión

Un hombre sin honor contra un Cuerpo de honor

Ana Beltrán, la presidenta del PP de Navarra, dio en el clavo en su intervención del pasado miércoles en el Congreso, tal vez la mejor de cuantas han radiografiado el caso Marlaska. La brillante política navarro-aragonesa lo resumió mejor que nadie ante la cara de sorpresa de un ministro del Interior que no se esperaba un relato tan completo, tan equilibrado y que tanta justicia hace a lo que está pasando:

—Su valentía como juez y su lucha contra ETA fueron razones para que yo me dedicara a la política en Navarra. Era usted un referente del respeto a la Ley, al Estado de Derecho y a nuestra democracia. ¿Qué queda de aquella persona? Usted ha manoseado y denigrado las instituciones del Estado hasta lograr lo imposible: que servidores públicos que nunca se rindieron ante nada ni ante nadie se vayan por su culpa… ¿Hubiera aceptado ser ministro de Sánchez de saber que tendría que deshonrar a quienes le han protegido durante tantos años? ¿Hubiera aceptado de haber sabido que este Gobierno trataría como socios preferentes a los que le querían ver a usted asesinado? Si la respuesta es no, dimita porque se ha traicionado a sí mismo, si la respuesta es sí dimita porque nos ha traicionado a todos—.

La verdad es que pocos casos he conocido de descomposición personal tan brutal como el de Fernando Grande-Marlaska. De ser un tipo admirado que detenía comandos terroristas como el que hace churros, jugándose el tipo día sí, día también, ha pasado a ser un fiel aliado de los herederos políticos de la banda terrorista ETA y un enemigo declarado de la Policía y la Guardia Civil. Al punto que estoy en condiciones de proclamar, sin necesidad de caer en la hipérbole, que estamos ante el ministro del Interior más vil de la democracia excepción hecha de un José Barrionuevo que fue condenado por el secuestro de un pobre hombre que nada tenía que ver con ETA, Segundo Marey, y por el robo de dinero público. Sea como fuere, en descargo del primer ministro del Interior de la era González hay que subrayar que aquéllos eran los tiempos de plomo, temporadas en las que los colegas de Bildu asesinaban a 50, 60, 70 y hasta 100 personas al año. Nada que ver con la España relativamente tranquila de nuestros días.

Así como lo peor que puede hacer un médico es romper su juramento hipocrático y lo más malvado que puede protagonizar un policía es la falsificación de pruebas para empurar a una persona inocente, el acto más abyecto que se presume en un magistrado de carrera es la prevaricación. Que no es otra cosa que dictar una resolución injusta a sabiendas. Pues bien, Fernando Grande-Marlaska prevarica como si no hubiera un mañana, como si le produjera un placer semejante al de un orgasmo. ¿O acaso no incurre en este tipo penal al ordenar al jefe de una investigación judicial que le revele detalles de la misma? ¿No es otro ilícito penal inducir a un funcionario a cometer un delito de revelación de secretos?

Emplear medios policiales para escudriñar lo que opina la gente es una de las características de cualquier dictadura que se precie

Lo mejor de todo para los que seguimos creyendo en el Estado de Derecho es que son muy tontos. Sólo a un lerdo compulsivo se le ocurre confeccionar una farragosa nota en la que se reconoce que se ha destituido al coronel Pérez de los Cobos “por no informar del desarrollo de investigaciones de la Guardia Civil en el marco operativo y de Policía Judicial con fines de conocimiento”. Así consta textualmente en la nota redactada por la directora general de la Guardia Civil, la muy incompetente y muy cobarde —está ardiendo Troya y ella sigue missing— María Gámez. ¿O tal vez es que es más lista de lo que pensamos y se quería cubrir las espaldas ante la investigación judicial de la bomba biológica que representó el 8-M que la podría dejar a los pies de los caballos toda vez que ella no goza de ese privilegio medieval que es el fuero?

Prevaricación sobre prevaricación=prevaricación al cuadrado. ¿No entra dentro de este tipo penal la orden dada a la Guardia Civil de perseguir en redes sociales a “los desafectos al Gobierno”? Una orden más propia de un régimen dictatorial que de uno democrático. Una instrucción que parece salida del mismísimo Palacio de Miraflores, guarida del narcoasesino que dirige Venezuela, Nicolás Maduro. Eso de emplear medios policiales para escudriñar lo que opina la gente es una de las características de cualquier dictadura que se precie. Recuerda a lo que veíamos en esa deliciosa obra maestra que es La vida de los otros, oscarizada película alemana que retrata cómo la Stasi de la Alemania comunista investigaba la vida personal de cualquier ciudadano del que hubiera sospecha de disidencia. La Policía política de la dictadura tenía en nómina a 100.000 agentes y 200.000 chivatos o informantes en el mundo civil.

Prevaricación sobre prevaricación sobre prevaricación= prevaricación al cubo. No menos impresentable fue la decisión de este miserable de perseguir las caceroladas contra el Gobierno mientras hacía la vista gorda en una concentración en mi pueblo, Pamplona, para pedir la excarcelación del hijo de Satanás etarra que asesinó al concejal de UPN Tomás Caballero. Eso de enviar más antidisturbios a la calle de Núñez de Balboa, al Paseo de La Habana, a Alcorcón, a Vallecas, a La Alameda de Valencia o al Paseo de la Independencia de Zaragoza que a un partido de alto riesgo Real Madrid-Barcelona demuestra la persecución política de este Gobierno totalitario a los que no piensan como él. Lo mismito, por cierto, que hacía su odiado Franco. Ver cómo instan a la Policía a multar por manifestarse en la calle contra los socialcomunistas o identificar todos los días a una familia por portar una bandera a modo de pancarta con el lema “¡Gobierno dimisión!” es inconcebible en la España constitucional. El vídeo publicado por este periódico es revelador. Supone, ni más ni menos, que emplear a los agentes como matones de Franquito Sánchez. Claro que no todos aceptaron estas órdenes arbitrarias y optaron por traspapelar las denuncias falsas que les obligaban a imponer a españoles pacíficos.

Hasta 10 coroneles dieron calabazas cuando se les propuso sustituir al purgado al frente de la Comandancia de Madrid

Por no hablar del millón de sanciones impuestas por este Beria de tres al cuarto durante la pandemia en aplicación de la Ley de Seguridad Ciudadana, lo que sus compañeros de Gabinete denominaban Ley Mordaza. ¡Menos mal que era una fascistada del PP! Porque si no lo llega a ser nos meten una recetita marlaskeska a cada uno de los 46 millones de españoles. Un dato lo dice todo: en tres meses han metido más sanciones por la Ley de Seguridad Ciudadana que el Ministerio del Interior del PP en sus últimos cuatro años. Esto no sé si es un acto prevaricador pero desde luego lo parece. Y normalmente las cosas son lo que parecen.

Lo más grave de todo es que este pájaro tiene a la Benemérita en pie de guerra por mucho que el antaño guardia y ahora diputado podemita Juan Antonio Delgado intente calmar los ánimos mientras promueve de manera espuria la desmilitarización de la institución fundada por mi paisano el duque de Ahumada hace casi dos siglos. Total y absolutamente sublevada: desde el primero de la cadena de mando hasta el último número recién salido de la Academia de Úbeda. Le dimitió el director adjunto operativo (DAO), el jefe de verdad del Instituto Armado, el no político, y luego él echó por sus bemoles al número 3 tras haber hecho lo propio con Pérez de los Cobos por anteponer la legalidad a las malas artes del ministro. Cómo estarán las cosas que 10 coroneles dieron calabazas cuando se les propuso sustituir al purgado al frente de la Comandancia de Madrid. Al final aceptó un tipo del que tengo las mejores referencias pero que en estos momentos es tan sólo teniente coronel: David Blanes. Aunque yo de él tampoco hubiera aceptado para continuar dando carrete al plante a un ministro al que, de eternizarse la revuelta interna, no le hubiera quedado otra que dimitir.

Termino como termina el himno de la Guardia Civil, Cuerpo por cierto que cuenta con más víctimas mortales que nadie (300) a manos de la banda que dirigía ese Otegi que ahora es socio de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias:

—Instituto, gloria a ti,

por tu honor quiero vivir,

viva España, viva el Rey,

viva el orden y la ley,

viva honrada la Guardia Civil.

Lástima que los mande un prevaricador sin honor, que está con los que se quieren cargar España y al Rey, que está contribuyendo a destruir el orden constitucional, que no cumple ni hace cumplir la ley sino todo lo contrario y que quiere convertir la Guardia Civil en una suerte de mafia a su servicio. Algo que conociendo a sus integrantes es física y metafísicamente imposible. Antes se helará el infierno. Todavía queda Estado. Y todavía queda decencia. La de la Guardia Civil.