Los gustos caviar del comunista Ribó
Comprendo la falta de elevación de estas primeras líneas siendo yo tan princesa, pero es que cuando ayer leí sobre los carísimos gustos de Joan Ribó, el alcalde de Valencia, recordé a aquel ex director general de Trabajo de Andalucía imputado por los ERE, Javier Guerrero. Y recordé a su chófer, aquel que llegó a detallar ante la juez Alaya cómo su jefe se fundía la libido y 25.000 euros al mes con impúdica y procelosa afición en pilinguis y cocaína. Díganme ustedes: ¿Cuál es la diferencia entre un político que se funde el dinero público en putas y otro que se lo gasta en su deleite personal y el de 30 políticos de la Izquierda Unitaria gastando 73.152 € de todos? Llámenme neoliberal, pero con 5 pavos podríamos haberle pagado a Ribó un póster para la habitación con Urbán, El Kichi y el resto de la troupe en porretas. El edil hubiera quedado embelesado y a nosotros nos habrían sobrado 73.147€.
Pero el atraco no existió y la golfada no fue tal porque a ésta le pusieron el sufijo necesario para parecer párrocos del Bien Común en lugar de una banda de haraganes en plena bacanal de la cosa pública: solidaridad. El trasunto se llamó “Encuentro euro-mediterráneo de solidaridad con las personas refugiadas”. Devoción vacua la de un alcalde que, en junio del año pasado, arrebató sede y subvenciones a Banco de Alimentos de Valencia bajo el temor de que, y cito textualmente: “A su mandato se le asociara con la imagen de una cola de cientos de personas en busca de víveres, ya que será Compromís quien rescatará personas”. Para Ribó las 7000 familias al año atendidas por Banco de Alimentos no eran el producto rutilante para periódicos locales y algún plató de televisión. Les faltaba el exotismo de los que llegan con una patada en el culo de Tsipras vía Turquía arengando a la Unión.
¿Cómo iba Ribó a tener la más ligera idea de qué es la solidaridad si jamás hubo de satisfacer las necesidades de otros mediante el trabajo? Calcadito al Marx que sangraba a modo a Engels, Ribó es el típico parásito burgués que lleva casi 30 años haciendo lo que todo anticapitalista proveniente del PCE: pedir al Estado para poder vivir. Un comunista en una Orbea con gustos de empresario del IBEX 35 que, además, está integrado en el proselitismo nacionalista catalán para el que, junto al PSPV de Puig, inocula ingentes cantidades de dinero público al ente independentista Acció Cultural del País Valenciano (ACPV), gemelo de Omnium Cultural. Sin descanso ni más arbitrio que el que proviene de la Generalitat de Cataluña.
No obstante, el jefe del consistorio valenciano sí fue siempre solidario con su familia, para la que reservó cargo y paguita pública. Su hija logró un contrato como ingeniera agrónoma tras obtener, de forma fascinante, la mejor valoración por encima del resto de los aspirantes y que, además, logró eludir su publicación en el portal de transparencia presidido por Compromís. Simultáneamente ocurrió lo propio con su mujer, a la que enchufó con el actual consejero de Educación valenciano, Vicent Marzá. Esperemos que la Fiscalía se ponga a trabajar y que, entretanto, Ribó deje exprimir a los valencianos con la habilidad de un proxeneta que necesita pagarse los vicios.
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