Opinión

Facebook y su polémico marketing

Facebook ha sido acusada por el periódico australiano The Australian de aprovecharse de niños y jóvenes australianos y neozelandeses cuando están deprimidos y se sienten inseguros. Para probarlo han conseguido un documento interno de la empresa con 23 páginas que detallan sus nuevos algoritmos, los cuales utilizan inteligencia artificial, analizan las fotos, declaraciones y reacciones de estos jóvenes para captar su estado de ánimo y beneficiarse de ello. Rápidamente, Facebook ha emitido un comunicado diciendo que sólo obtienen los estados de ánimo de sus usuarios para que sus anunciantes sepan cómo se expresan en la aplicación y que el documento se ha sacado de contexto. El Gobierno australiano ha iniciado una investigación para concluir si estas prácticas de Facebook van en contra de sus estándares éticos. La Asociación Australiana de Anunciantes ya ha expresado que estas prácticas son poco éticas y no deben tolerarse.

Antonio García Martínez, un ex directivo de Facebook que estaba a cargo del departamento de anunciantes de esta empresa, dice que su trabajo era convertir los datos de Facebook en dólares y para conseguirlo había que hacer cosas de las que no está orgulloso. Según García hay que profundizar mucho en las vidas de las personas, transgredir su privacidad hasta el límite legal para sacar algo que permita convertir un perfil en beneficios. También asegura que cuando Facebook dice que no utilizan la tecnología para conseguir ventas con personas vulnerables, claramente está mintiendo. Las personas vulnerables son las más fáciles de convencer, de comprar algo.

Resulta que la mayoría de personas que ponen sus fotos de borracheras, viajes o los mensajes de flirteo entre dos trabajadores de una empresa —palabras de García— no sacan rendimiento. Ganar dólares con los datos requiere muchísimas iteraciones de algoritmos que tienen la capacidad de aprender hasta que se da con ciertos grupos de personas que muchas veces son adictos a las compras o tienen alguna otra vulnerabilidad. Facebook les ofrece soluciones a sus problemas a través de compras. Hay que preguntarse hasta qué punto debemos dejar que las nuevas tecnologías invadan nuestra privacidad. Casi todo el mundo opina que debe haber restricciones muy estrictas en cuanto a la privacidad de un individuo. Sin embargo, entonces, Facebook no podría dar los servicios que da, ni ser un motor de empleo mundial. Si aplicamos las mismas restricciones a Google, Amazon, Paypal, Netflix y Apple, nos quedamos sin una gran parte del motor tecnológico de los últimos años.

El problema es que estas empresas han llegado a tal nivel de indiferencia con respecto a la privacidad de sus usuarios que uno debe plantearse su uso. Eric Schmidt, cofundador de Google, declaró que si había algo que no querías que las tecnológicas supieran, mejor sería que ni siquiera estuvieras haciéndolo. También declaró que si uno quería usar Internet tenía que habituarse a la transparencia y no al anonimato. Mark Zuckerberg comentó que podría haber cambiado los resultados de las elecciones de Estados Unidos con un chasquido de dedos, pero decidió respetar la libertad de la gente. Aparte que estas empresas se vean como entes omniscientes y a sus usuarios como datos informáticos que pueden manipularse; nadie tiene que aceptar que una empresa se aproveche de sus vulnerabilidades a través de la usurpación de su privacidad. Es una decisión compleja, ya que si se desea un gran avance tecnológico y los beneficios que éste trae, también parece que hay que aceptar unos límites éticos muy laxos.