Opinión

A ETA no le pueden salir gratis sus más de 800 asesinatos

Que nadie olvide las casi 900 víctimas mortales de ETA, las 16.000 personas heridas, quemadas o mutiladas, los 42.000 seres humanos que han tenido que padecer una insoportable angustia física y psicológica debido a las constantes extorsiones y amenazas. Que nadie abandone el respeto que merecen todas estas personas, también sus familias. De lo contrario, los terroristas que llenaron las calles de España de muerte y destrucción durante más de cinco décadas habrán conseguido lo que buscaban: imponer la violencia como forma de hacer política y salir indemnes de tan abyecta estrategia. Por mucho que los asesinos anuncien ahora “el final de su trayectoria” y el “desmantelamiento” total del “conjunto de sus estructuras”, el final de la banda no puede firmarse sobre un cheque en blanco. El Estado no debe ni puede conceder ni una sola prebenda. Menos aún cuando en el comunicado no hay un atisbo de arrepentimiento. Hasta hace poco, incluso, algunos de sus líderes encarcelados se sentían orgullosos de los crímenes perpetrados durante sus años en libertad.

Todo este afán comunicativo parece más bien una estrategia encubierta para facilitar el acercamiento de los presos etarras al País Vasco. Algo que, por supuesto, no debe consentir el Gobierno por mucho que necesite el apoyo del PNV para aprobar los Presupuestos Generales del Estado. Los etarras han cambiado las bombas por las palabras, pero siguen hablando de “continuar la lucha con la responsabilidad y honestidad de siempre”. Una frase que, más que anunciar la disolución de ETA, es una provocación a las víctimas del terrorismo. Aún hay centenares de asesinatos sin resolver, de ahí que el mensaje de este jueves tenga el mismo valor que el papel mojado. Sin arrepentimiento no puede haber la más mínima concesión. Por otra parte, este asunto no sólo concierne al Ejecutivo, sino a todas las fuerzas constitucionalistas. Al igual que ocurre con la unidad de España, Ciudadanos siempre se ha mostrado firme ante los terroristas. Lamentablemente, no se puede decir lo mismo del actual Partido Socialista. La formación que dirige Pedro Sánchez parece empeñada en los últimos tiempos en estar siempre en el lugar incorrecto.

Su condición de gran partido español y su electorado de amplia mayoría socialdemócrata deberían ser suficientes para que se opusieran a cualquier treta de los radicales. Sin embargo, se unen a PNV y Podemos para tratar de conseguir el acercamiento de los presos etarras al País Vasco. Hasta un exlendakari como Patxi López se muestra partidario de este favor a los etarras. ¿Qué hay del respeto a la memoria de emblemas socialistas como Fernando Múgica, Ernest Lluch, Fernando Buesa o Isaías Carrasco? Esta deriva, unida a la que han protagonizado con los independentistas en Cataluña o con temas tan sensibles como la Prisión Permanente Revisable, dará con la credibilidad de la formación contra el suelo si no rectifican. Una postura connivente con los enemigos de España que se puede esperar de Podemos, ya que los populistas no regatean esfuerzos a la hora de blanquear la imagen de ETA. No obstante, el Partido Socialista debería estar con todos esos demócratas que demandan que nadie olvide el dolor causado por unos asesinos que han protagonizado algunas de las páginas más negras de la historia de España. Falta pedir perdón y sobran ambiciones políticas por parte de los etarras. España ha de seguir inflexible con ellos.