Opinión

Para este viaje no hacía falta semejante chapuza

La designación interruptus de José Manuel Soria como director ejecutivo del Banco Mundial ha sido la crónica de un despropósito. El Partido Popular debería haber previsto lo sucedido y seguir una línea de actuación firme, hasta el final en una misma dirección. El principal partido político de España, y candidato a presidir el Gobierno, no puede permitirse estos devaneos ni tampoco una sensación de improvisación tan grande. Existen figuras como los afamados spin doctors estadounidenses —consejeros y asesores— que se ocupan específicamente de anticipar las consecuencias de este tipo de decisiones y aconsejan al respecto de su conveniencia. Bien es cierto que el ex ministro de Industria no está condenado ni ha cometido delito alguno pero su presencia en los Papeles de Panamá lo convertían en un candidato inverosímil.

Más aún cuando el Partido Popular quiere lanzar un mensaje claro y decidido a favor de la regeneración. No obstante, la manera en la que se han producido los hechos es casi peor que la propia elección. Mariano Rajoy acababa de perder su investidura y, en lugar de perseverar en la idea de que el PP es la formación idónea para capitanear una gran coalición constitucionalista en España, el Gobierno comunicó la designación del canario. Una manera de darle munición argumental a todos aquéllos que se escudan en los casos opacos de los populares para no acabar con el bloqueo que nos maniata.

A veces, parece como si los ganadores de las dos últimas elecciones estuvieran empeñados en tirarse piedras sobre su propio tejado. Además de dificultar cualquier posibilidad de acuerdo con otras fuerzas políticas, este caso ha propiciado una división momentánea en la formación. Ante las justificaciones sobre el nombramiento, se han levantado voces críticas como la de Alberto Núñez Feijóo. De una manera congruente, el presidente de Galicia, y candidato a las inminentes elecciones autonómicas, ha reconocido que «es una decisión difícil de entender para mucha gente».

El exministro Soria es un profesional limpio. De eso no hay ninguna duda. Empero, la ejemplaridad más absoluta debe ser un requisito indispensable para ocupar cualquier cargo público. Más si cabe en el contexto actual. Casi un año después, estamos más cerca de unas terceras elecciones consecutivas que de una solución para acabar con la parálisis institucional y, claro está, la paciencia de los ciudadanos roza mínimos históricos. Sería de agradecer que se impusiera un ápice de cordura en cada una de las fuerzas políticas para acabar con el show continuado que tanto daña nuestra imagen exterior y la propia dinámica interna del país. Sobre todo, si no queremos pasar a la historia como la nación que acabó convirtiendo la política en el arte de lo imposible.