Opinión

¿Dónde están los ecologistas?

  • Xavier Rius
  • Director de Rius TV en YouTube. Trabajó antes en La Vanguardia y en El Mundo. Director de e-notícies durante 23 años.

El pasado sábado cayó un chaparrón de mucho cuidado en la localidad en la que vivo. No en balde, por Martorell (Barcelona) pasan dos ríos: el Llobregat y el Anoia. Ambos bajaban llenos.

A mí me vino a la cabeza lo que denominaron nueva cultura del agua. Una iniciativa que lanzaron los ecologistas —y supongo que la izquierda política y mediática— para contrarrestar el Plan Hidrológico de José María Aznar (2001).

El agua como «bien común», que es «limitada» y había que gestionarla «de manera sostenible». Para ello, proponían «medidas de ahorro» y su «uso eficiente». También la lucha contra «el cambio climático» la «reutilización y depuración» e incluso la «gestión participativa», que nunca supe exactamente lo que significaba.

Uno de los puntos que más me llamó la atención fue el de construir «miniembalses». La verdad, no soy ingeniero de caminos. Tampoco sé si es factible la edificación de estas infraestructuras al lado de zonas urbanas por razones obvias de seguridad. Y si, además, después se pueden conectar fácilmente a la red. Pero, para luchar contra los tórridos veranos, cualquier medida es buena.

Lo que pasa es que han pasado 25 años desde entonces y no he visto construir ninguno. En Cataluña, el último inaugurado fue el de la Llosa de Cavall, en Lérida, a finales de los 90. Aunque es de los grandes y lamentablemente no siempre está lleno. Como el resto, salvo precipitaciones excepcionales.

En plena sequía, le pregunté a la entonces consejera de Agricultura, Teresa Jordà (2020-2023), durante una rueda de prensa en Palau si cabía algún pantano más en Cataluña. Me dijo que no.

Semanas después, en otra comparecencia, en este caso de un responsable de la Agencia Catalana del Agua —supongo que el entonces director, Samuel Reyes—, repetí la misma pregunta. Me dijo, en cambio, que habían hecho estudios y podía construirse al menos uno.

Lo digo para que vean en manos de quiénes estamos. Aunque, con ese bagaje, Jordà acabó de diputada en el Congreso. Acompañando como número dos -cuota femenina- a Gabriel Rufián en las elecciones del 2023. Carrerón porque empezó, de hecho, de funcionaria de Correos en Ripoll, su localidad natal.

Pero ya se sabe que la construcción de pantanos tiene mala fama desde Franco. La historia, después, es conocida: El Plan Hidrológico se fue al garete con la llegada de Zapatero.

Diversas obras previstas para la cuenca del Júcar -incluida la fatídica Rambal del Poyo, que se hizo trágicamente famosa con la Dana de Valencia-, nunca llegaron a hacerse.

En Cataluña, la izquierda se agarró al trasvase del Ebro para desgastar no solo al PP, sino también a CiU, que entonces todavía existía. Los convergentes apoyaron el plan con reservas porque eran conscientes de que la movilización popular les pasaría factura.

Hace años un exdiputado de CDC en el Congreso me contó que, por la mañana, fue una dirigente del partido a contarles por qué habían de votar, ya no sé si en contra o abstenerse. Por la tarde, volvió a pillar el puente aéreo —en esa época aún no había AVE— para explicarles por qué habían de votar lo contrario.

Acabaron votando a favor a cambio de inversiones y compensaciones. En teoría, garantizar el caudal ecológico del Ebro, pero hubo varias manifestaciones con el lema «Lo riu és vida».

Lo que era un feudo electoral cambio de manos. En Tortosa nació el primer tripartito local de PSC, ERC e ICV. Luego vendrían otros como Reus o Manresa.

¿Han estado nunca en Tortosa? Todavía hay una pintada gigante en un muro frente al río con ese lema. Aunque, con franqueza, el Ebro está hecho una porquería. Como la mayoría, por otra parte.

La última vez que paseé cerca vi hasta una nevera abandonada en su cauce. Y en otra ocasión que hice un paseo fluvial por Miravet, una localidad más arriba, me sorprendió la transparencia de las aguas.

En cuanto expresé mi opinión, el barquero me dejó atónito: «Hay una alga que se lo come todo». Otra especie invasora, claro. Además del sirulo —un pez gigante carnívoro, esperemos que no ataque nunca a nadie—, el mejillón cebra, la almeja asiática y el cangrejo americano, entre otros.

Sin olvidar, sospecho, los problemas de salud aguas más abajo. Incluso de enfermedades graves. Durante mucho tiempo ha sido una cloaca. Basta recordar que una multinacional alemana vertió residuos químicos en la zona de Flix.