Un claro caso de delito de odio
La brutal agresión que ha sufrido un guardia civil en Almería este jueves deja claro que estamos ante un caso de los denominados “delitos de odio”, además de ante una sinrazón desmedida. Siete personas propinaron al agente una paliza en una taberna de la ciudad por pertenecer al cuerpo de la Benemérita y vestir un polo con una bandera de España. Como si con alguna de estas dos cosas el guardia civil, tal y como le gritaron los agresores antes de acometer el ataque –entre ellos un camarero del local–, estuviera “invadiendo el espacio sideral con estas pintas de fascista”.
Según la definición del Ministerio del Interior –que parte de la dada por la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) en 2003– cualquier delito puede ser tildado de odio si la víctima de la agresión se elige por su “real o percibida conexión, simpatía o pertenencia a un grupo”. Tras lo anteriormente citado, no cabe duda de que los actos de amenazas y daños –tipificados en los artículos 208, 209 y 263 del Código Penales– tienen, no sólo relevancia penal, sino también importancia política.
Desde las pasadas elecciones del 2 de diciembre, cuando el PP, Ciudadanos y VOX sumaron los votos suficientes para sacar al PSOE de la Junta de Andalucía, la sociedad andaluza se ha polarizado al calor de los discursos del miedo a la derecha construidos por los socialistas y Adelante Andalucía. Teresa Rodríguez, líder de Podemos en la región, tildando a la derecha que legítimamente ha ganado los comicios de “fascista” o “matones de colegio” o Quim Torra llamando a la desobeciencia a los Cuerpos y Seguridad del Estado y apelando al guerracivilismo son dos formas claras de alentar este tipo de agresiones.
Resulta inmoral que los dirigentes políticos de la izquierda más radical, como es el caso de la formación morada en Andalucía, actúen de manera tan irresponsable. Con su actitud lo único que consiguen es sembrar rencor, dividir a la sociedad y fomentar un odio desmedido hacia una bandera que jamás debería ser una provocación, sino un instrumento de cohesión social y orgullo para todos los españoles.
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