La batasunización se impone en Cataluña

La batasunización se impone en Cataluña
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Cataluña cada día se parece más a los tiempos pasados —pero no tan lejanos— que vivimos en mi tierra vasca. Recuerdo cuando te levantabas con una diana pintada en la puerta de tu casa, recordándote que existía una alta posibilidad de que ese fuera tu último día. Y si no era ese día, podía ser el siguiente. Y, si no, el siguiente… y así de manera constante día tras día con el consiguiente deterioro psicológico y emocional.

La batasunización de Cataluña es un hecho constatado y evidente que, por desgracia, nadie parece decidido a evitar. Antes, los Gobiernos de España perseguían a los que nos perseguían para asesinarnos; ahora, sin embargo, se pacta con ellos para seguir en el poder. Cataluña tiene un problema muy grave. Los radicales se mueven a sus anchas sin el más mínimo temor a que alguien les pare los pies. Es inaudito que unos individuos tan decididos a romper nuestra convivencia cívica puedan pulular de aquí para allá con tanta impunidad.

Las amenazas cerca a los políticos, a los magistrados, a los autónomos… Ponen coto a todos los ámbitos de la sociedad para intentar imponer sus veleidades. Con la detención de Junqueras y compañía no está hecho todo. Ni mucho menos. Puigdemont, por ejemplo, sigue riéndose de nosotros. Fugado de la justicia, maneja en la distancia diversas iniciativas para intentar destruir España… y ahí siguen televisiones y radios públicas pagadas con nuestros impuestos dándoles voz y espacio.

Tenemos la obligación como españoles de pedir a nuestros representantes públicos que hagan algo de una vez. España no será España hasta que no recuperemos la libertad y la convivencia en Cataluña. Protejamos a jueces que, como Llanera, han sufrido las consecuencias de esta sinrazón en su propia casa. También a políticos que, como Albiol, están acosados constantemente. Ya está bien de tanto daño gratuito. Esperemos que no tengamos que lamentar algún daño irreparable. Desde luego, con políticos como Otegi pululando por ahí, tendremos que estar ojo avizor. El que avisa no es traidor, sino un alertador.

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