Salmones intoxciados

Los salmones salvajes nadan el doble de lejos bajo los efectos de la cocaína presente en lagos y ríos

El estudio, realizado en su hábitat natural, demuestra que la droga multiplica la distancia recorrida por el pez

Más de 900 fármacos contaminan los ríos del mundo y modifican el comportamiento de la fauna

Este incremento de la actividad migratoria puede interpretarse erróneamente como una ventaja adaptativa

  • Antonio Quilis
  • Periodista especializado en información medioambiental desde hace más de 20 años y ahora director de OKGREEN en OKDIARIO. Anteriormente director de El Mundo Ecológico. Colaborador en temas de medioambiente, ecología y sostenibilidad en Cadena Ser.

Los salmones salvajes expuestos a cocaína nadan hasta 1,9 veces más lejos por semana que los peces no contaminados. Así lo confirma un estudio publicado en la revista Science que, por primera vez, analiza el impacto de los residuos farmacéuticos en ejemplares de salmón atlántico en su hábitat natural —no en laboratorio—, midiendo los efectos reales de la cocaína y otros psicoactivos presentes en lagos y ríos europeos.

El trabajo fue liderado por Jack Brand y su equipo en el río Dal, en Suecia. Los investigadores monitorizaron a más de 700 ejemplares jóvenes de salmón —conocidos como smolts— durante su migración hacia el mar, combinando ensayos analíticos con seguimiento en campo. La singularidad del diseño es que los peces no fueron confinados en tanques: se observaron nadando libremente en plena naturaleza.

Más distancia, más riesgo

Los cálculos y las observaciones avalan que los salmones salvajes contaminados con sustancias psicoactivas —entre ellas residuos de cocaína detectados en el agua— recorrían cada semana una distancia 1,9 veces superior a la de los peces no expuestos.

Este incremento de la actividad migratoria puede interpretarse erróneamente como una ventaja adaptativa. Sin embargo, los científicos advierten de lo contrario: una mayor agitación natatoria implica mayor exposición a depredadores y un gasto energético que puede comprometer la supervivencia a largo plazo.

El estudio también detectó que la exposición al clobazam —un ansiolítico presente en las aguas residuales— reducía el comportamiento gregario de los salmones. Estos peces migran en cardúmenes precisamente como estrategia defensiva frente a los depredadores. Al separarse del grupo, cada individuo queda más vulnerable durante las fases más críticas de su viaje.

Tres veces más veloces ante las presas

Un hallazgo llamativo es que los salmones «medicados» superaban las presas hidroeléctricas hasta tres veces más rápido que los no expuestos. A primera vista, cruzar un obstáculo a mayor velocidad parecería una ventaja para la especie. El problema es que ese aumento de la audacia responde a una alteración química del sistema nervioso, no a una adaptación biológica real.

El Dr. Marcus Michelangeli, del Instituto de Ríos Australianos de la Universidad Griffith y coautor del trabajo, subrayó que la investigación se distingue de las anteriores por su enfoque en el mundo real. La mayoría de los estudios previos sobre contaminantes farmacéuticos en fauna acuática se habían realizado en laboratorio, sin captar las complejidades del entorno silvestre.

La cocaína, señal de alarma

La presencia de cocaína en ríos y lagos europeos no es una anécdota aislada. En junio de 2020, funcionarios medioambientales de Renania del Norte-Westfalia detectaron salmones con comportamiento caótico en una piscifactoría alemana. Al analizar el agua, encontraron cocaína y su metabolito benzoilecgonina. Estudios posteriores en el Reino Unido, España y otros países europeos confirmaron el patrón: los peces modifican su conducta de forma similar a los mamíferos expuestos a esas mismas sustancias.

Investigaciones paralelas han documentado truchas expuestas a metanfetamina que desarrollaron signos de adicción y, al ser devueltas a aguas limpias, presentaron síntomas de abstinencia. Las drogas diseñadas para el cerebro humano también interactúan con los sistemas neuronales de otras especies, con consecuencias impredecibles.

Más de 900 fármacos en el agua

Según el Dr. Michelangeli, los contaminantes farmacéuticos son un problema global emergente. Más de 900 sustancias distintas han sido detectadas en vías fluviales de todo el planeta, desde los grandes ríos europeos hasta la Antártida. Entre las de mayor preocupación figuran los psicoactivos —antidepresivos, ansiolíticos y analgésicos— por su capacidad de interferir directamente en el comportamiento de animales salvajes.

El salmón atlántico resulta especialmente vulnerable porque su migración del río al mar es una de las travesías biológicas más exigentes del reino animal. Cualquier alteración química que modifique su conducta durante ese trayecto puede tener consecuencias profundas en la dinámica de toda la especie.

Una emergencia silenciosa

Lo que hace singular al estudio publicado en Science es que demuestra, con datos de campo reales, que la contaminación farmacéutica no es sólo un problema del agua, sino de la vida que habita en ella. Los salmones nadan hoy en ríos y lagos cada vez más parecidos a un laboratorio involuntario.

Los investigadores han anunciado nuevas fases de seguimiento con biologgers de precisión, dispositivos miniaturizados capaces de registrar los niveles de estrés de los peces y detectar eventos de predación en tiempo real. El objetivo es determinar hasta qué punto la cocaína y otros contaminantes psicoactivos condicionan no sólo el comportamiento migratorio de este tipo de pez, sino también sus tasas de supervivencia efectivas en condiciones naturales.