Calor oceánico

¿Qué es un eructo de calor? Esto es lo que se está cociendo en el Océano Antártico

El Antártico absorbe por sí solo entre el 40% y el 75% del calor que entra en los océanos

Los científicos se preguntan si en algún momento se liberará todo ese calor almacenado

Los investigadores recomiendan dejar de emitir carbono cuanto antes

Cuando pensamos en el aumento de las temperaturas provocado por el cambio climático, solemos imaginarnos olas de calor, incendios forestales y veranos cada vez más largos. Sin embargo, la mayor parte de todo ese calentamiento global causado por los gases de efecto invernadero no se queda atrapado en la atmósfera sino que es absorbido, principalmente, por los océanos.

Esas grandes masas de agua ocupan tres cuartas partes de la superficie terrestre. Hablamos de los principales reguladores térmico del planeta, hasta el punto de que acumulan más del 90% del exceso de calor generado por el cambio climático. La mayor parte de toda esa energía va a parar, paradójicamente, al Océano Antártico, que rodea al continente más frío.

Según diversas estimaciones científicas, el también llamado Océano Austral absorbe por sí solo —según el periodo y el método de cálculo considerados— entre el 40% y el 75% del calor que entra en los océanos a escala global, una proporción llamativa si recordamos que sólo ocupa alrededor de una cuarta parte de la superficie oceánica del planeta.

Sistema climático

Una de las razones reside en el papel que desempeña el Océano Antártico dentro del sistema climático. Antes del calentamiento global, gran parte del calor absorbido por los océanos en regiones tropicales y subtropicales era transportado hacia el sur por la circulación oceánica y podía disiparse hacia la atmósfera en latitudes más altas y frías, incluida la región antártica.

Sin embargo, el aumento del CO₂ y el calentamiento de la atmósfera que rodea la Antártida han cambiado ese equilibrio: el océano retiene hoy más energía en su interior y transfiere menos calor hacia la superficie. Esto ha provocado que el Océano Antártico se haya convertido en un enorme almacén de calor en sus capas más profundas.

Según un estudio publicado en la revista científica AGU Advances, perteneciente a la Unión Geofísica Americana (AGU, por sus siglas en inglés), si en un futuro de bajas o incluso nulas emisiones la atmósfera comenzara a enfriarse, parte de ese calor acumulado a lo largo de los años podría volver a la superficie en forma de lo que los investigadores han denominado como eructo de calor, elevando de nuevo las temperaturas globales durante décadas o incluso siglos.

Escenario hipotético

En este trabajo, los científicos modelan un escenario hipotético a largo plazo —decenas o incluso cientos de años— en el que la humanidad deja de emitir carbono y desarrolla técnicas que reducen la concentración atmosférica de CO₂, hasta llegar a un escenario en el que se elimina más carbono del que se emite, alcanzando así las emisiones netas negativas.

El resultado sería un proceso de enfriamiento que, según indican los modelos empleados, podría favorecer el ascenso de parte del calor almacenado a lo largo del tiempo en el Océano Antártico. Ese retorno de calor hacia aguas superficiales podría, a su vez, elevar la temperatura global durante décadas o siglos.

Así se produciría este posible eructo de calor, que no tendría por qué ser violento ni suponer un salto repentino de varios grados. Más bien se trata de un pulso térmico sostenido que ralentizaría el enfriamiento global futuro, algo que podría suceder, incluso, en un mundo sin emisiones.

Carbono

Además de calor, las aguas australes también almacenan CO₂. ¿Qué ocurriría con todo ese carbono secuestrado en un escenario como el previsto por la investigación citada?

Según explican los autores del estudio, el retorno de energía térmica hacia la superficie no iría acompañado de una salida equivalente de dióxido de carbono, ya que la química del agua marina permite que una parte muy significativa del carbono permanezca disuelta en el océano, a pesar de que cambien las condiciones térmicas.

Con todo, lo fundamental es que esta hipótesis no describe lo que ocurrirá mañana ni dentro de cincuenta años: es una proyección teórica a muy largo plazo, basada en la física del océano y dependiente de si logramos reducir emisiones y retirar CO₂ del aire. Pero revela algo clave: lo que ocurre hoy con el calor oceánico influirá en el clima futuro incluso cuando las emisiones cesen.

Calor adicional

El posible eructo térmico no es una amenaza inmediata, ni cambia la hoja de ruta de la mitigación climática. La lectura correcta es otra: confirma que el planeta no olvidará fácilmente el calor adicional que estamos generando ahora.

En este sentido, conviene dejar claro que aplazar la reducción de emisiones sólo introduce más energía en el océano profundo. Más energía guardada implica una atmósfera con más inercia térmica futura. El Océano Antártico cumple una labor indispensable absorbiendo calor para moderar el calentamiento, pero ese colchón tiene límites.

La conclusión es clara: si queremos evitar que el océano se convierta en un futuro en una fuente generadora de calor, el mismo calor que hoy le obligamos a tragar, debemos dejar de emitir carbono cuanto antes.