Nadar entre atunes: una experiencia inmersiva para observar de primera mano el valor de la acuicultura
El Dia de la Acuicultura se celebra en España el 30 de noviembre para visibilizar la importancia de un sector líder en Europa
Viajemos a Cartagena para conocer de cerca la acuicultura marina del atún rojo
El Piscifactoría 7 avanza a velocidad de crucero por las aguas del Mediterráneo encarando las olas que se rompen en la proa de este barco. A bordo lleva unos pasajeros que están algo nerviosos por la experiencia que les espera dentro de una hora.
Estamos a finales de septiembre y el agua nos empapa, sin previo aviso, en la punta de esta embarcación que habitualmente lleva el alimento a los atunes rojos de las granjas que están a 6 millas (8 kilómetros), del puerto de Cartagena. Este barco también sirve de transporte de vuelta de este muy apreciado manjar gastronómico en las mesas de todo el mundo.
Día de la acuicultura
Rememoramos este particular viaje de prensa organizado por Acuicultura de España, realizado casi acariciando el otoño, porque precisamente hoy, 30 de noviembre, se celebra una fecha muy especial del sector.
Hoy es el Día de la Acuicultura, una efeméride que busca trasladar a la sociedad la importancia de esta actividad en España y su compromiso con el desarrollo sostenible, la I+D+i y la creación de riqueza y bienestar en las zonas rurales y en los litorales.
España ha consolidado su posición de liderazgo en el sector acuícola europeo con más de 268.564 toneladas producidas y un valor en primera venta superior a 856,5 millones de euros.
La acuicultura española no sólo destaca por sus cifras de producción, sino que se ha convertido en un modelo de referencia internacional que inspira a otros países en prácticas sostenibles, bienestar animal y desarrollo económico de zonas costeras y rurales.
Rumbo al vivero submarino
Regresando a Cartagena, a la cubierta del barco, vemos que en breve nos situaremos cerca de una de las jaulas donde se crían cientos y cientos de atunes del vivero El Gorguel. Allí conoceremos de cerca la acuicultura marina. Y desde luego que será muy cerca, tanto que nadaremos con ellos.
Conversamos con uno de los tripulantes, preguntándole si él ya ha vivido esta experiencia a la que unos pocos valientes nos vamos a enfrentar. «Sí, ya me he metido ahí alguna vez cuando no hay faena», nos comenta mientras navegamos.
«No hacen nada, lo que pasa que estos bichos impresionan. Tan sólo pueden llegar a morderte si llevas algo blanco, una prenda como un calcetín, por ejemplo, porque te confunden con un pez, su alimento», deja caer con una media sonrisa este joven y curtido trabajador que lleva ya varios años en estas tareas.
En ese momento te das cuenta de que no te habían advertido de este punto al embarcar. Nos miramos e inspeccionamos disimuladamente por si llevamos algo blanco, más que nada como medida preventiva. «Pero no os preocupéis, enseguida notan que no eres un pez, te sueltan y dan media vuelta», asegura.
Respiramos y nos ponemos a escrutar el horizonte para calcular a cuánto estamos de nuestro destino. Pero en la cabeza nos queda la duda de si nos lo ha comentado como anécdota o como aviso…
Control científico
Allí nos enfrentaremos a la misión de sumergirnos en una de las cuatro instalaciones de la empresa Ricardo Fuentes. Pasaremos un rato entre estos animales que pueden llegar a pesar más de 200 kilos y cerca de dos metros de envergadura. No sabemos cuánto duraremos a remojo en esta misión especial atunera que nos hemos comprometido a completar.
Los atunes rojos que nos van a recibir en su cerco son salvajes y se capturan vivos desde finales de mayo y durante el mes de junio en mar abierto en la zona de Baleares, cuando los ejemplares son jóvenes. Deben pesar 30 kilos cuando pasan a unas jaulas submarinas que llegarán hasta Cartagena.
Los que no cumplen el peso se devuelven al mar, en una actividad supervisada por un comité científico perteneciente a la Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (ICCAT) la Comisión Europea y la Secretaría General de Pesca. En esta misión global de mantenimiento de la especie en la que también interviene el Instituto Español de Oceanografía (IEO).
Una actividad sostenible
Estos organismos velan por la buena salud de la especie, para que siempre exista un equilibrio en sus poblaciones, incluso ayudando a reintroducir la especie en su hábitat natural.
Este año España tiene autorizadas unas 9.500 toneladas de capturas de atún rojo. Un pez que entre 2006 y 2007 estuvo a punto de desaparecer y que, gracias a un plan de recuperación con reducción de cuotas que duró casi 8 años, ahora da de comer, mantiene el equilibrio y la presencia de esta especie.
Todo esto no sería posible sin el papel clave que desempeña la acuicultura española. Gracias a ella especies como el atún rojo pueden llegar a las pescaderías, garantizando un consumo regular durante todo el año, sostenible y accesible.
El barco reduce ya su velocidad anunciándonos que llegamos a los inmensos viveros submarinos donde nadan entre 600 y 800 atunes. Mientras, Aurelio Ortega, investigador del Instituto Español de Oceanografía de Murcia, nos comenta que el modelo de acuicultura del atún rojo de nuestro país «destaca a nivel internacional como un referente en gestión sostenible de los recursos marinos».
Arenques, sardinas y caballas
Pasamos cerca de una de las jaulas donde vemos un enorme revuelo de gaviotas, en una escena digna de la película Los pájaros de Alfred Hitchcock. Es la señal que nos dice que están alimentando a los atunes desde un barco atracado al lado de las cestas.
Es un alimento fácil de conseguir para las gaviotas que buscan su oportunidad de comer sin esfuerzo los kilos y kilos de arenques, sardinas y caballas que salen por la manguera hasta el centro de la jaula. Mientras se nota otro revuelo en el agua, el de los enormes atunes que buscan su bocado desplazándose a gran velocidad, dejando estelas inquietantes en la superficie.
No es una imagen que nos tranquilice mucho… Te surge en la cabeza el primer pensamiento de duda ante la próxima etapa del viaje: «Ahí no me meto yo. Qué necesidad hay de hacer esto». Un operario nos grita con cara de broma:»les estamos dando de comer para que no tengan hambre cuando entréis vosotros». Todo en orden. Ahora ya estamos todos más aliviados.
Inmersión entre atunes
Pero no es el lugar donde nos bañaremos con los atunes rojos. Nos acercamos a otra de las jaulas en la que finalmente nos meteremos, dudando internamente si a estas alturas tenemos todavía suficiente adrenalina para afrontar el reto.
Tranquiliza ver cómo antes entra al agua algún cámara que inmortalizará nuestro, llamémoslo así, bautismo entre atunes, esperando a que te toque el turno de saltar por la borda a la inmensa cesta.
Y llega el gran momento de meterse en el recinto que tiene cincuenta metros de profundidad y donde el 98% del espacio es agua, y el resto es el que ocupan los atunes. Con estos datos ya sabemos que cabemos todos… y que habrá espacio para huir (si somos lo suficientemente rápidos).
Cara a cara con los atunes
Ya en el agua, nos damos cuenta del inmenso espacio en el que se desenvuelven los atunes. Nada más entrar, miras al fondo y percibes que debajo de ti están evolucionando tranquilamente una buena cantidad de majestuosos ejemplares y que no ves el fondo del vivero que está a decenas de metros.
Al cabo de unos segundos ves que, cerca de ti, a tu misma profundidad, están merodeando unos cuantos más. No se acercan, pero pasan a una distancia suficiente que te permite ver su imponente tamaño, su dorsal amarillo fosforescente y sus ojos.
Alguno se dirige directamente hacia ti y decides darle la espalda y nadar para salir de su trayectoria con algo de congoja. Respiras fuerte por el tubo y nadas como pensando en que puedes escaparte del atún al que habías llamado la atención.
Entonces recuerdas que son más rápidos que tú, que alcanzan grandes velocidades y que no tiene sentido nadar para huir. Cejas en el empeño de la escapada, miras hacia atrás y… ya no está. Falsa alarma. No ha pasado nada y no pasará nada.
Pescado para todos
La experiencia nos deja un buen sabor de boca, excitación, algunas pulsaciones de más y la constancia de que el sector de la acuicultura nos garantiza el tener todos los días pescado en los mostradores.
Ya en cubierta, despojados de todos los nervios, recordamos las palabras de Garazi Rodríguez, responsable de los Planes de Producción y Comercialización de APROMAR y portavoz de Acuicultura de España: «es fundamental que la ciudadanía comprenda que la acuicultura no es sólo una forma eficiente de producir alimentos, sino también una vía para responder a los grandes retos del sistema alimentario global, como el cambio climático, la seguridad alimentaria y la presión sobre los ecosistemas de nuestros mares y ríos».
Nos llevamos la idea de que esta inmersión entre atunes nos ha dado la posibilidad de dar visibilidad a proyectos como el de Cartagena, que se desarrollan tanto en el mar como en tierra firme, que nos permite desmontar mitos, poner en valor el trabajo del sector y fomentar un consumo más informado y consciente.
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