Roberto Vaquero: «Contra las mafias no se combate con buenismo, se combate con fuerza»
"Las patrullas vecinales evitan violaciones, robos e intimidaciones", asegura
Les llaman fascistas. Pero quien lidera las patrullas de Barcelona es una mujer colombiana. Les acusan de racismo. Pero entre sus filas hay gente de Hispanoamérica, África y de toda ideología política. Vaquero viene a desmontar, una por una, las acusaciones que pesan sobre él.
Y hay más. Los guardias civiles que persiguen narcolanchas se pagan los chalecos antibalas de su propio bolsillo. Cuando se acerca el final de su turno, están obligados a abandonar la persecución aunque el delincuente esté a su alcance. Si continúan, les sancionan. Vaquero lo cuenta sin que le tiemble la voz. Y es uno de los argumentos que esgrime para explicar por qué, según él, los vecinos han tenido que organizarse solos.
Roberto Vaquero, presidente de Frente Obrero, no es el perfil que muchos esperarían. Viene de la izquierda. Dice que le echaron por no aceptar todo. Y que no abandonó sus convicciones sobre la gente trabajadora, sino que abandonó un movimiento que, a su juicio, dejó de darles respuesta. Ese recorrido ideológico es la clave para entender por qué se define como patriota y revolucionario al mismo tiempo, y por qué incomoda a casi todos los bloques políticos.
Su historial incluye cuarenta y nueve días de prisión provisional. No por violencia, no por corrupción. Cuarenta y nueve días por organizar una brigada de voluntarios para combatir al Estado Islámico. Un dato que él mismo reivindica sin complejos y que, asegura, cada vez que se conoce genera más apoyo que rechazo.
Durante la DANA coordinó cerca de 1.200 personas. Nos cuenta que estuvo casi un mes sobre el terreno. Cuando llegaron algunas ONG, él llevaba ya diez días trabajando.
Defiende que las patrullas vecinales nacen de una realidad concreta: barrios donde los vecinos sienten miedo, denuncian robos, acoso y agresiones, y consideran que el Estado no les ofrece respuesta suficiente. «No se trata —sostiene— de grupos violentos, sino de vecinos organizados que vigilan, acompañan y llaman a la policía cuando detectan una situación de riesgo».
Las críticas que los cuestionan apuntan a otro plano: quién controla esas patrullas, qué límites tienen, qué ocurre cuando no hay cámaras grabando y cómo se evita que la preocupación por la seguridad derive en señalamiento de inmigrantes o minorías. Vaquero lo rechaza: «No es una cuestión de colores, es una cuestión de si son o no delincuentes». Y afirma que las cámaras graban ininterrumpidamente hasta que se van a casa.
El debate se amplía cuando la conversación pasa de las patrullas a la delincuencia organizada, las pandillas y el uso de la fuerza por parte del Estado. Vaquero afirma con determinación: «En zonas controladas por mafias o grupos armados, la respuesta debe ser contundente». Y llega a plantear medidas excepcionales.
Una entrevista con preguntas y respuestas claras y directas.
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