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Los zoólogos no salen de su asombro: liberan 15 castores en un canal desértico y en 4 años ya es un vergel

  • Manuel Morera
  • Periodista y fundador del pódcast V9, el programa de F1 más escuchado de España. Universidad de Valencia y Radio 3. Anteriormente en ElDesmarque, Levante TV y Las Provincias.

En España han empezado a aparecer castores y, si nos fiamos de lo que ha ocurrido en Arizona (Estados Unidos), deberíamos estar satisfechos. La reintroducción del animal ha servido para recuperar la biodiversidad.

Los castores desaparecieron del río San Pedro, en el desierto de Sonora, en la década de 1920. Esto ayudó a acelerar el proceso de degradación medioambiental, pero más de un siglo después podríamos haber dado con la solución.

Según ha informado Sonoran Joint Venture, las autoridades han optado por la restauración natural del ecosistema. Están reintroduciendo castores para activar los mecanismos biológicos de retención de agua y recuperar los hábitats ribereños.

Los zoólogos consiguen que los castores cambien el paisaje del desierto de Sonora

La reintroducción se llevó a cabo entre 1999 y 2002 en tres oleadas: ocho castores fueron liberados en 1999, cinco en 2000 y dos en 2002, hasta alcanzar un total de 15 ejemplares.

El objetivo no era aumentar la población de forma masiva, sino comprobar si su comportamiento colectivo podía reorganizar el paisaje incluso en condiciones desérticas.

Los castores comenzaron a construir presas como parte de su estrategia de supervivencia. Gracias a estas estructuras ralentizaron el flujo del agua, redujeron la erosión del cauce y crearon lagunas y pantanos que ofrecían refugio, alimento y estabilidad hídrica.

El punto de evaluación llegó en 2006, cuatro años después del último traslado. En ese momento se contabilizaban más de 30 presas activas en la zona, lo que probaba que los animales se habían establecido, reproducido y mantenido sus construcciones a lo largo del río San Pedro.

Cómo los castores han conseguido transformar la naturaleza

Las presas no sólo transformaron el aspecto del río, sino también su funcionamiento hidrológico. Al retener el agua durante más tiempo, aumentaron el contacto entre el agua y el suelo, lo que favoreció la infiltración y la recarga de acuíferos.

La formación de lagunas y humedales redujo la escorrentía rápida y redistribuyó el agua en el espacio y el tiempo. Por ejemplo, zonas que llevaban décadas secas recuperaron la humedad, la vegetación volvió a brotar y se crearon microclimas más favorables.

Lo mejor de todo es que la recuperación del río dejó de depender exclusivamente de las lluvias estacionales y pasó a basarse en un sistema de almacenamiento natural distribuido.

Por este motivo, los castores fueron considerados una especie fundamental, ya que es capaz de generar un impacto ecológico inmenso con una intervención mínima.

Todos estos motivos han provocado que los expertos consideren estas reintroducciones como una herramienta eficaz y de bajo coste, para restaurar los ecosistemas ribereños en el desierto de Sonora, al favorecer la creación de humedales, la recarga de acuíferos y el aumento de la biodiversidad.

Las pruebas de que el castor está recuperando la biodiversidad en Arizona

Uno de los indicadores más claros del cambio fue el aumento del 50% en las poblaciones de aves en las zonas donde había castores, en comparación con las zonas sin su presencia.

Gracias a la recuperación de humedales, también aumentó la población de insectos, se amplió la zona de alimentación y facilitó la anidación. Por eso las aves acudieron tan rápido.

El sistema también demostró una notable resiliencia. En 2008, una inundación arrasó todas las presas existentes hasta eliminarlas por completo. Sin embargo, los castores las rehicieron sin necesidad de intervención humana.