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La zoología brinda por un hito colosal: analizan 24.000 becadas con GPS para comprender cómo migran

  • Sofía Narváez
  • Periodista multimedia graduada en la Universidad Francisco de Vitoria, con un Máster en Multiplataforma por la Universidad Loyola. Editora en Lisa News con experiencia en CNN y ABC.

Las becadas son aves principalmente migratorias e invernales que se pueden ver en España entre los meses de octubre y marzo. La mayoría no nacen aquí: alrededor del 90% vienen del norte y el este de Europa, con «guarderías» en Rusia (europea y siberiana), Escandinavia y países bálticos y centroeuropeos como Estonia, Letonia, Lituania, Polonia o Bielorrusia.

Se sabe que migran cada primavera, pero la cuestión está en si se marchan por el calendario o si es el tiempo quien marca la salida. Un estudio en Hungría, con datos de 2010 a 2019 y más de 24.000 becadas analizadas, pone cifras a ese debate y detalla hasta qué punto la temperatura mínima y la lluvia pueden acelerar o frenar el paso primaveral.

Analizan 24.000 becadas con GPS para comprender mejor cómo migran

El trabajo, publicado en la revista científica European Journal of Wildlife Research analiza 24.124 ejemplares registrados durante 10 temporadas consecutivas en Hungría.

Los investigadores cruzaron cada jornada del periodo clave (del 1 de marzo al 10 de abril) con los datos meteorológicos diarios. El objetivo estaba claro: comprobar si la intensidad del paso primaveral responde a cambios concretos en la temperatura mínima y en la precipitación.

Las conclusiones resultan claras. Cuando las noches son más suaves, el número de becadas en movimiento aumenta. Si llegan lluvias persistentes, frío severo o nevadas tardías, el paso se frena e incluso se interrumpe durante varios días.

En años con condiciones normales, el pico principal en Hungría se sitúa entre el 16 y el 24 de marzo. Sin embargo, en inviernos suaves la migración puede adelantarse hasta dos semanas.

El estudio también detecta un desplazamiento del calendario a lo largo de la década: de media, el grueso del paso se adelantó unos seis días, superando los diez en algunas temporadas.

Cómo han estudiado el paso primaveral de las becadas

El análisis se apoyó en el programa nacional húngaro de seguimiento cinegético, activo desde 2010. Más de 800 puntos de muestreo repartidos por el país aportaron datos diarios georreferenciados. Cada registro incluía fecha exacta y localización.

Después, los científicos compararon esas cifras con datos oficiales de estaciones meteorológicas distribuidas por el territorio. Aplicaron modelos estadísticos de series temporales para detectar relaciones no lineales entre el número de aves y las variables atmosféricas.

El resultado explica algo que muchos intuían en el monte, y es que el tiempo no acompaña a la migración, la condiciona. En primaveras marcadas por anomalías, como 2013 o 2018, el patrón clásico de un único pico desapareció y el paso se fragmentó en varias oleadas.

Claves para reconocer a la becada en el monte

La becada (Scolopax rusticola) no se deja ver con facilidad. Su plumaje mezcla marrones, rojizos y grises con tal precisión que se confunde con la hojarasca. Suele medir entre 33 y 35 centímetros de longitud, con una envergadura que ronda los 55–65 centímetros, y pesa habitualmente entre 250 y 400 gramos, según la época y la condición física del ave.

Destaca por su pico largo y recto, diseñado para detectar lombrices bajo tierra. La punta es flexible y le permite alimentarse sin extraerlo por completo del suelo. Sus ojos, grandes y situados muy atrás en la cabeza, le ofrecen un campo de visión casi total mientras se alimenta.

Cuando alguien la levanta en el bosque, despega con un aleteo brusco y zigzaguea entre los árboles. Esa salida le ha valido el apodo de «fantasma del bosque».