Los biólogos no lo entienden pero se ha confirmado que estos peces desafían la gravedad: son capaces de subir cascadas 15 metros en segundos

En zonas remotas de África central, se ha documentado un comportamiento en el que miles de pequeños peces parecen desafiar la gravedad al ascender por superficies de agua de hasta 15 metros de altura. Investigadores han observado este fenómenoen las cataratas de Luvilombo, en la cuenca alta del Congo, donde peces de la especie Parakneria thysi, de apenas cuatro centímetros de longitud, se adhieren a la roca mojada y ascienden por una pared vertical.
El estudio, publicado en la revista Scientific Reports, demuestra que no se trata de individuos aislados, sino de un fenómeno colectivo. Según los científicos, filas compuestas por multitud de peces se adhieren a la roca mojada y avanzan unos sobre otros en una migración ascendente desde la base de la cascada. Pero, ¿cómo lo hacen? El secreto no está en la fuerza bruta, sino en una serie de adaptaciones anatómicas extremadamente precisas. Entre ellas, las almohadillas adhesivas cubiertas de diminutas proyecciones microscópicas en forma de gancho, llamadas unculi, las cuales actúan como un sistema de anclaje que les permite adherirse a la pared vertical con una eficacia sorprendente.
Los peces que desafían la gravedad
A diferencia de otros peces, Parakneria thysi, un miembro endémico de la familia Kneriidae conocido popularmente como shellear, presenta en sus aletas pectorales y pélvicas unas estructuras muy particulares. Se trata de almohadillas adhesivas recubiertas de pequeñas proyecciones microscópicas en forma de gancho, que funcionan como un eficaz sistema de sujeción para adherirse a superficies rocosas húmedas. Su forma de desplazamiento resulta igualmente llamativa, ya que recuerda al nado tradicional.
Una vez fijado a la roca, el pez avanza mediante ondulaciones laterales del cuerpo, como si estuviera en el agua, pero aprovechando la fricción de sus aletas contra la superficie. En primer lugar se ancla con las aletas pectorales y, posteriormente, refuerza el agarre con las pélvicas para progresar en pequeños impulsos sucesivos. Sin embargo, se trata de un proceso lento y exigente. Para ascender apenas un metro de altura, estos peces pueden necesitar entre 30 y 60 segundos.
«Además, se han identificado nueve salientes horizontales principales en los que los peces parecen descansar, por ejemplo, durante aproximadamente una hora en cada uno. Por lo tanto, un pez tardaría aproximadamente 9 horas y 45 minutos en recorrer toda la altura de las cataratas. Esto sugiere que los peces podrían necesitar casi un día o una noche enteros para superar por completo las cataratas», explican los autores del estudio, dirigido por Pacifique Kiwele Mutambala, de la Université de Lubumbashi (República Democrática del Congo), y Emmanuel Vreven, del Museo Real de África Central (Bélgica).
Uno de los aspectos que más han llamado la atención de los investigadores es que no todos los individuos de la especie participan en la migración. Sólo los peces más pequeños (de entre 37 y 48 milímetros de longitud) son capaces de desafiar la gravedad y completar la ascensión por una cuestión puramente física. Aunque las almohadillas adhesivas no mejoran su capacidad a medida que el pez crece, el peso del cuerpo sí aumenta, y llega un momento en el que ya no tienen suficiente fuerza de agarre para poder subir.
Causas
Los científicos quieren averiguar por qué estos peces desafían a la gravedad ascendiendo por la pared vertical de la cascada, y para ello han planteado una serie de hipótesis que podrían complementarse entre sí.
En primer lugar, los investigadores señalan el papel de las crecidas estacionales del río. Con la llegada de las lluvias, muchas zonas se inundan y se forman hábitats temporales donde los peces pueden acabar desplazados. En ese contexto, subir podría ser una forma de volver a las áreas de corriente más rápida, que es donde mejor se desarrolla la especie.
Otra explicación posible tiene que ver con la fuente de alimento. En las zonas más bajas, sobre todo cerca de las cascadas, hay más competencia porque se concentran muchas especies y los recursos se agotan antes. En cambio, al ascender, estos peces accederían a espacios menos saturados y con más alimento disponible.
Por último, también se contempla la idea de que sea una estrategia para evitar depredadores. Durante las inundaciones, las partes bajas del río pueden llenarse de peces carnívoros, lo que hace que estos pequeños migrantes sean más vulnerables. En conjunto, todo apunta a que no hay una única razón, sino una mezcla de factores relacionados con la supervivencia, la búsqueda de alimento y las condiciones del entorno.
«Esto impulsa a los científicos a ser aún más vigilantes en sus observaciones, ya que todo es posible. ¿Quién lo hubiera creído sin haber estado lo suficientemente cerca para comprobarlo y documentarlo con fotografías y vídeos, que algunos peces son capaces de trepar cascadas? Esto demuestra que existen maravillas que superan nuestra imaginación.Es muy posible que otras especies de peces que viven en hábitats de corrientes rápidas… sean capaces de superar obstáculos verticales similares», concluye Kiwele.
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