Aviso muy serio de la ONU: las poblaciones de peces migratorios en los ríos ha descendido un 81% desde 1970
Un nuevo y alarmante informe de la ONU, presentado en la 15ª Reunión de la Conferencia de las Partes (COP15) de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres (CMS), revela una realidad desoladora para nuestro mundo. Según este documento técnico, las poblaciones de peces migratorios que habitan los ríos de todo el planeta han sufrido un desplome medio del 81% si echamos la vista atrás hasta el año 1970.
Esta caída libre sitúa a los peces entre los grupos de animales más castigados de la Tierra, superando incluso el ritmo de pérdida de especies terrestres o marinas. El estudio Evaluación Global de los Peces de Agua Dulce Migratorios se ha enfocado en cómo la ruptura de la conectividad ecológica y la degradación de los ecosistemas fluviales están acabando con especies que alimentan a millones de personas.
El declive masivo de los peces de río desde 1970
El mundo se está enfrentando a un colapso sistémico en los ríos de todo el planeta. El análisis liderado por la ONU confirma que el 81% de descenso en las poblaciones de peces migratorios desde 1970 responde a una combinación letal de factores causado por los humanos. Entre los principales culpables, el informe de la CMS destaca la construcción de presas y la fragmentación del hábitat, que cortan las rutas que estos animales necesitan para desovar y alimentarse.
Basados en los datos de Wetlands International, los especialistas señalan que la situación es especialmente crítica para las especies que figuran en los apéndices de la CMS. De hecho, casi la totalidad de estos peces (un 97%) se encuentran actualmente bajo amenaza de extinción. La falta de una gestión que entienda los cauces como sistemas conectados y no como simples recursos nacionales ha acelerado una crisis que ya afecta a 325 especies candidatas a recibir protección internacional urgente.
¿Qué factores están aniquilando la vida de los peces en los ríos?
Para entender por qué las cifras son tan negativas, debemos mirar hacia las barreras físicas y químicas que hemos levantado. La pérdida de conectividad por infraestructuras hidroeléctricas impide que ejemplares como el pez gato dorado del Amazonas realice sus viajes de más de 11.000 kilómetros. A esto se suma la contaminación, la sobrepesca y los efectos cada vez más visibles del cambio climático, que alteran los caudales y las temperaturas del agua de forma drástica.
Según el informe técnico Peces de agua dulce de la COP15, la gestión actual de los ríos falla al no considerar los ciclos biológicos transfronterizos.
«Los ríos no entienden de fronteras, y los peces que dependen de ellos, tampoco», advierte Michele Thieme, de WWF-US, en relación con la necesidad de soluciones que operen en toda el área de distribución de las especies.
Medidas urgentes y planes de acción global
Ante este panorama, la cumbre celebrada en Brasil propone herramientas prácticas que los gobiernos deberían implementar de inmediato. Entre ellas destaca la creación de corredores de migración protegidos y el establecimiento de caudales ecológicos que garanticen la supervivencia de las fases larvarias.
También se impulsa el desarrollo de planes de acción multiespecie, como el previsto para los grandes bagres amazónicos entre 2026 y 2036, que busca armonizar las normativas de pesca y comercio entre las naciones de la cuenca.
La ONU insiste en que la recuperación de estas poblaciones pasa por integrar las necesidades de los peces en las políticas de energía e infraestructura. Es vital realizar análisis de brechas y trabajar codo con codo con organismos como la FAO o la UICN para identificar dónde la CMS aporta más valor. Solo si se protegen los tramos de ríos de flujo libre y se mitigan los impactos de las barreras actuales, se podrá frenar una tendencia que, desde 1970, ha dejado nuestros ecosistemas de agua dulce en estado crítico.