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Lottusse, 145 años de artesanía e industria para un zapato clásico en permanente evolución

Lo clásico es aquello que no puede hacerse mejor, comenta a menudo el diseñador Miguel Milá en sus publicaciones editoriales. Y esta es, entre otras, una de las razones por las cuales una casa centenaria como Lottusse 1877 sigue calzando a decenas de personas con gustos artesanales, hay algo en sus zapatos que atrae y que funciona, a pesar del paso de los años.

Y es que cuando hablamos de esta marca española especializada en la elaboración de productos en piel de la más alta calidad, hablamos de tradición y de una saber hacer sin parangón. Además, Lotusse tiene una gran historia detrás con un potente apellido: Fluxá.

A mediados del siglo XIX, Antoni Fluxá Figuerola funda la marca de zapatos en Inca, un pueblo ubicado en el corazón de Mallorca. Allí, en ese bello espacio de la región, comenzó la historia de una familia que ha trabajado durante décadas y décadas el delicado trabajo de la zapatería, una de las industrias más potentes de nuestro país, por otro lado, que llevó a nuestro protagonista por países de toda Europa.

Eso sí, antes de todo este recorrido de esplendor por las capitales europeas, el joven Fluxá Figuerola comenzó a conocer el oficio como aprendiz en un pequeño taller de calzado donde aprendió a admirar el trabajo bien hecho y la dedicación que requiere cada una de las piezas que se elaboran.

Pero, además, supo absorber conocimientos y adquirir un olfato especial para los negocios que llevó al mallorquín a abandonar la Mallorca rural del siglo XIX y partir hacia Barcelona, donde el art nouveau se abría paso, París y, finalmente, Reino Unido. En el país inglés, industrializado y ávido de progreso, interiorizó que la artesanía y la industria podían convivir juntas, y ser complementarias.

Así, con esa unión entre ambos conceptos regresó a Mallorca y abrió el primer taller de Lottusse con sólo 27 años. Trabajaría sin tregua en elevar la marca y llevar a cabo su particular revolución: racionalizar la producción y la comercialización sin renunciar a la esencia artesanal y, sobre todo, hacer del amor por la calidad su bandera.  De este modo, el maestro zapatero se convirtió en pionero al impulsar el florecimiento industrial de su pueblo natal, con el sector del calzado como protagonista y motor de cambio.

Uno de sus mayores logros será la importación de una novedosa técnica, fruto de su paso por el Reino Unido: el sistema de fabricación Goodyear. Ciento veinte operaciones manuales que, en tres días de trabajo conjunto de máquinas especializadas y más de sesenta artesanos, consiguen un zapato único y exclusivo. Y no es, en absoluto, un detalle baladí, ya que sólo uno de cada cien zapatos que se fabrican en el mundo lo hacen de esta manera.

Tradicionalmente, la construcción Goodyear ha estado relacionada con el zapato de corte más clásico. Sin embargo, como defendía Antonio Fluxá Roselló, nieto del fundador: «En Lottusse entendemos el diseño como una constante renovación de lo clásico». De esta forma se ha conseguido llevar el Goodyear a un estilo más casual y desenfadado, acercando este tipo de producto y calidad a todos aquellos clientes que no estaban dispuestos a renunciar al diseño e innovación.

Uno de los talleres artesanales más prestigiosos de Europa

El taller artesanal de Lottusse, que lleva por bandera el trabajo de valores como la calidad, la tradición y el saber hacer, es considerado como uno de los más prestigiosos y con más historia de Europa, siendo el sistema de fabricación Goodyear la piedra angular sobre la que se articula el gran conocimiento de todos los artesanos.

La visión y las grandes manos con experiencia de los profesionales que trabajan en Lottusse, además, han permitido que la marca se haya podido expandir más allá de los zapatos y hacer colecciones de bolsos, prendas y complementos de altísima calidad que son, como se suele decir, para toda la vida. Todo ello, por supuesto, sin renunciar a los valores que la han visto nacer, crecer y consolidarse, dotando de vida y fondo a artículos nobles, útiles y duraderos.

El compromiso con sus artesanos

Entre ellos, sin duda, está el compromiso de Lottusse con sus más de 80 artesanos, así como con la continuación de la tradición familiar que ya abarca cuatro generaciones, la calidad y, sobre todo, con el compromiso de proteger y difundir de una herencia artesana centenaria que busca su camino hacia el futuro donde la excelencia, la digitalización y las nuevas generaciones han marcado todos los años que lleva trabajando.

Sus creaciones tienen presencia en toda Europa y Asia, con una amplia red de tiendas propias en España y China; con su propio canal de venta on-line para el resto de regiones y con un equipo comprometido con el desarrollo a largo plazo de Lottusse.

Y es que hoy, 145 años después de aquella apuesta del maestro Fluxá Figuerola en su pequeño pueblo, Lottusse sigue siendo una empresa familiar independiente –cosa nada sencilla en estos tiempos de concentración de grupos artesanales– que cuida del saber hacer de los artesanos y enarbolando valores tan apreciados por los consumidores más sensibles: diseño y producción que nos traen complementos bellos, útiles, éticos y duraderos.