Internacional

Tintori llora de madrugada a las puertas de la cárcel al oír a su marido vivo gritar desde la celda

Este miércoles, Lilian Tintori compareció ante los medios de comunicación exigiendo al dictador venezolano Nicolás Maduro «una fe de vida» de su marido, a quien le habían prohibido visitar en los últimos cinco días. «Son más de 120 horas sin saber de él, es un rehén del régimen, lo tienen secuestrado». La esposa del preso político más famoso del mundo, Leopoldo López, puso de plazo hasta las 20.00 hora local (01.00 de la madrugada en España) para que le demostraran que su esposo continuaba con vida, tras casi dos años preso y aislado en lo alto de una torre abandonada de la cárcel militar de Ramo Verde, a 32 kilómetros de Caracas.

Pero Maduro se hizo el sordo, con su soberbia habitual y aprovechando la situación para seguir jugando al ‘divide y vencerás’ con la oposición. Pasada la 01.00 de la madrugada, Tintori y la madre de López, Antonia Mendoza, acudieron a las verjas que rodean la prisión en procesión con compañeros de Voluntad Popular, el partido que lidera el «rehén del régimen», a lograr la «fe de vida» por sí mismas. A gritos  de «¡Libertad!» y «¡Leo!», agarradas a las verjas, ambas mujeres lograron que Leopoldo López las escuchara desde lo alto de su celda y las respondiera: «¡Libertad!», gritó el reo. Estaba vivo.

La explosión de júbilo –»¡Fuerza y fe! ¡Fuerza y fe!», gritaban los allí reunidos– siguió a una rotura en llantos de la mujer que más ha hecho por dar a conocer al mundo entero la infinita crisis que vive su país: sin comida en los estantes de las tiendas, sin medicinas ni material en los hospitales, sin libertad de expresión y sin división de poderes. Todo está controlado por el aparato chavista. Sólo la Asamblea Nacional está en manos de la oposición, desde su victoria aplastante que no pudo ocultar con todas sus artimañas el régimen el pasado 6 de diciembre de 2015.

Aquel día, la Mesa de Unidad Democrática (MUD) se alzó con dos tercios de los escaños. Esa coalición reúne a un número de partidos opositores, que han unido sus fuerzas por lograr la salida del dictador del Palacio de Miraflores. Y precisamente el día en que la MUD había convocado una marcha para llevar a cientos de miles de venezolanos hartos ante las puertas de la sede presidencial, Maduro lograba una nueva y dolorosa victoria: la desunión en la oposición puede dejar de ser un rumor larvado para convertirse en una realidad que le asegure la permanencia en el poder.

La semana pasada cristalizaron las presiones del Vaticano para lograr un nuevo intento de negociación y entendimiento entre el régimen y la oposición democrática. La MUD que, como la mayoría de los venezolanos, cuenta con un sentimiento cristiano muy arraigado en una parte importante de sus partidos accedió a los requerimientos de la Santa Sede y aceptó formar cuatro mesas de trabajo para buscar «una salida a la crisis».

Pero Voluntad Popular, la formación de López no se quiso unir a la iniciativa. Pocos días antes, el propio preso lograba enviar un mensaje desde su celda que fue compartido por las redes sociales. En él, advertía a toda Venezuela de que no existían «las condiciones para un diálogo verdadero» con el chavismo, porque éste «no tiene voluntad» de acordar nada. López pidió a los venezolanos que continuaran con sus movilizaciones «pacíficas» en pos de la libertad, «y siempre con respeto a la Constitución», cuyo texto aseguraba que el propio Maduro había transgredido al lograr que el Comité Nacional Electoral (formado por magistrados afectos a la dictadura bolivariana) anulara la recogida de firmas para impulsar un referéndum revocatorio contra el presidente.

En todo caso, las mesas se constituyeron y Maduro jugó a conceder una gracia liberando a cinco prisioneros políticos de partidos opositores, ninguno de ellos de Voluntad Popular. La MUD aceptó el gesto de «buena voluntad» y suspendió la convocatoria en la Asamablea Nacional al presidente, para iniciarle un juicio político, y desconvocó la Marcha a Miraflores prevista para este jueves.

Así, el día que se iba a convertir en la deslegitimación definitiva del dictador que ha convertido al país más rico en petróleo de todo el hemisferio occidental en una república de la miseria y el desgobierno al capricho presidencial se ha tornado en una nueva muestra de fuerza bruta. Ni «fe de vida» ni respuesta alguna. Dos mujeres tuvieron que recorrer los más de 40 minutos de ida y de vuelta de madrugada entre carreteras intrincadas y controles militares para poder escuchar a gritos y de lejos a un hombre acusado de crímenes no cometidos, preso desde hace casi dos años por sus ideas y que, aun así, compromete día a día a un dictador.