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Terremoto en la egiptología: el culto en el oasis de Bahariya es 800 años anterior a lo que se pensaba, y el Imperio romano lo utilizó para fabricar vino

  • Ana López Vera
  • Máster en Periodismo Deportivo. Pasé por medios como Diario AS y ABC de Sevilla. También colaboré con la Real Federación de Fútbol Andaluza.

La historia del oasis de Bahariya en Egipto da un giro inesperado. Las últimas excavaciones arqueológicas realizadas en el yacimiento del antiguo palacio de Al-Qasr han revelado que este enclave desempeñó un papel religioso mucho antes de lo que los especialistas creían hasta ahora.

El descubrimiento demuestra que su importancia se remonta al Imperio Nuevo, unos 800 años antes de la construcción del templo conocido hasta la fecha.

Por otra parte, la investigación también confirma que, siglos después, durante las épocas griega y romana, el espacio dejó de ser exclusivamente un centro de culto para convertirse en un complejo dedicado a la producción de vino y aceites.

El oasis de Bahariya fue un centro religioso mucho más antiguo de lo que se creía

La misión arqueológica egipcia del Consejo Supremo de Antigüedades lleva investigando el yacimiento desde 2014. Durante la campaña de 2026, los expertos localizaron nuevos elementos arquitectónicos del templo levantado en época de la Dinastía XXVI, cuya construcción comenzó bajo el reinado de Psamético I y fue completada posteriormente por los faraones Apries y Amasis.

Entre los descubrimientos sobresale la sala hipóstila principal, formada por 16 columnas de arenisca, además de varias cámaras y capillas anexas. Los arqueólogos también han recuperado relieves y textos jeroglíficos en los que aparecen divinidades tan importantes como Amón-Ra, Amunet y Khonsu, lo que permite conocer mejor la actividad religiosa desarrollada en este templo.

Sin embargo, el hallazgo que más ha sorprendido a los investigadores ha sido una estela datada en el reinado de Amenhotep II, perteneciente a la Dinastía XVIII.

A ella se suman fragmentos arqueológicos de la época de Ramsés II, evidencias que demuestran que Bahariya mantenía una estrecha relación con el Estado egipcio desde el Imperio Nuevo. En la práctica, esto adelanta en unos ocho siglos la actividad religiosa documentada en el enclave.

Un templo con un nombre que permaneció oculto durante siglos

Las campañas anteriores ya habían aportado descubrimientos de gran relevancia. Uno de los más llamativos fue la identificación del nombre original del santuario gracias a un sello metálico hallado en el interior del edificio.

El templo era conocido como Ib-Set, una expresión que puede traducirse como «el asiento del corazón».

Además, las excavaciones han sacado a la luz numerosas piezas de gran valor histórico, entre ellas una estatua del dios Thot, una escultura de bronce de Osiris, un amuleto dedicado a Ra-Hor-Akhty, la cabeza de una estatua de un destacado sacerdote o funcionario y un santuario perteneciente al gobernador y sacerdote local Pa-di-Ise, una de las figuras más influyentes de los oasis durante el Período Tardío.

Una de las piezas descubiertas en el oasis de Bahariya. Foto: Ministerio de Turismo y Antigüedades

El templo del oasis de Bahariya, de santuario faraónico a centro de producción de vino durante el Imperio romano

La evolución del yacimiento no terminó con el declive del Egipto faraónico. Según explica el Ministerio de Turismo y Antigüedades de Egipto, las excavaciones han confirmado que el lugar continuó utilizándose durante las épocas griega y romana e incluso permaneció activo hasta los siglos IV y V d. C.

En ese periodo aparecieron óstracas, inscripciones en copto y latín, además de almacenes e instalaciones industriales destinadas a la elaboración de vino y aceites.

Estas estructuras muestran que antiguos espacios vinculados al culto fueron reutilizados con fines económicos, convirtiéndose en un importante centro de producción agrícola y almacenamiento. El hallazgo ilustra cómo las nuevas administraciones aprovecharon la infraestructura existente para impulsar la actividad comercial del oasis.

Las evidencias recuperadas permiten reconstruir una evolución histórica excepcional, desde su función como santuario faraónico hasta su transformación en un enclave industrial bajo dominio romano, reforzando además el enorme potencial arqueológico que todavía conserva Egipto.