¿Sabías que en la batalla de Karánsebes, un ejército se atacó a sí mismo?
Entre las grandes anécdotas de la historia, está la batalla de Karánsebes, donde un ejército se atacó a sí mismo. ¿Quieres conocer los detalles?
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En Karánsebes, ahora la actual Rumanía, 100.000 hombres se preparaban para unirse al imperio ruso y enfrentarse juntos al imperio de Turquía, lo que desencadenó las guerras austro-turcas. El emperador del Imperio Romano Germánico (1765-1790), José Benedicto Augusto de Austria, soñaba con dejar grandes huellas en la historia, así que decidió liderar él mismo a su ejército, aunque desconocía mucho sobre guerras.
Un error de copas e idiomas
Para poder formar una armada tan grande, necesitaron personas de distintas nacionalidades: austríacos, croatas, italianos, serbios, lombardos, rumanos y eslovacos, pocos de ellos hablaban alemán, la lengua oficial de Austria. Además, algunos ya no se llevaban entre sí.
Aunque el ejército austríaco superaba en número al del Imperio Otomano, el emperador José II tomó la decisión de emboscar en las fronteras de su ciudad a los turcos. Entonces, los hombres acamparon en una zona boscosa y mientras esperaban órdenes, decidieron divertirse. Le compraron unas cuantas botellas de licor a unos gitanos que se encontraban alrededor y comenzaron a tomar.
Al cabo de un rato, llegan nuevos soldados y les piden que compartan con ellos, los primeros se niegan a hacerlo. Se cree que los últimos soldados inventaron que los turcos se acercaban como idea para ahuyentar a los otros y poder quedarse con la bebida. La idea salió mal. Se armó una confusión con disparos al aire que ocasionó que todos creyeran que realmente estaban siendo atacados por los turcos.
Karánsebes, la batalla pérdida antes de pelear
Esto causó que la noche del 17 de septiembre de 1788 se desencadenara la batalla de Karánsebes. El ejército de José II se atacaba a sí mismo creyendo que peleaban contra los otomanos. En medio del caos, los soldados se aprovecharon para meterse a las casas del pueblo y violar a las mujeres. En una de sus cartas, el emperador, avergonzado, dijo: “no puedo describir con palabras las terribles violaciones y asesinatos que presencié”.
Gitanos y soldados gritaban “turci, turci” para decir que venían los turcos. Esto hizo que más tropas se unieran al caos. Y aunque los oficiales pedían a sus soldados que se detuvieran, las diferencias del lenguaje y el alboroto no facilitaba las cosas.
Para empeorarlo, los caballos se asustaron tanto que comenzaron a correr en dirección a la artillería, así que estos pensaban que en efecto estaban por ser atacados, así que comenzaron a disparar en dirección a la zona de batalla.
Mientras tanto, José II trataba de cabalgar cuando tropezó y cayó al río. Al día siguiente, presenció los rastros de una batalla que lo avergonzó hasta su muerte, el 20 de febrero de 1790.
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