Investigadores españoles analizan con rayos X los mosaicos romanos de Jaén y confirman que no hubo nada igual en todo el Imperio
Los mosaicos romanos de Jaén han sido objeto de una investigación que ha permitido identificar materiales poco habituales y técnicas de fabricación que no se habían documentado de esta forma en otros puntos del Imperio romano.
Gracias al uso de espectroscopia Raman y fluorescencia de rayos X, los especialistas han obtenido nuevos datos sobre la composición de las teselas utilizadas por los artesanos de la antigüedad. La investigación se ha llevado a cabo dentro del proyecto GeoChemMos, liderado por el Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén.
Qué encontraron los investigadores en los mosaicos
Los resultados han sido expuestos por Alberto Sánchez, investigador del Instituto Universitario de Investigación en Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén, dentro del proyecto GeoChemMos.
El estudio también aparece firmado por A. Sánchez, M. Montejo, J. Tuñón, P. Vandenabeele, G. De Gea, M. Gutiérrez, L. Vico y R. Martínez, quienes han empleado técnicas avanzadas para conocer la composición de las teselas sin alterar las piezas arqueológicas.
Uno de los casos más destacados corresponde al mosaico de Tethys, hallado en el yacimiento de Marroquíes Altos y conservado actualmente en el Museo de Jaén. Allí, los investigadores han utilizado equipos Raman portátiles para analizar directamente las teselas sobre la superficie del mosaico.
Los análisis han revelado la presencia de teselas rojas fabricadas con rocas ferruginosas, un material rico en óxidos de hierro como la hematita. Este descubrimiento demuestra que los artesanos no se limitaron a emplear piedras o vidrios habituales, sino que seleccionaron de manera específica determinadas rocas para obtener tonalidades rojizas intensas y resistentes al paso del tiempo.
Según los resultados obtenidos, esta elección de materiales refleja un profundo conocimiento de los recursos geológicos disponibles en el entorno y una cuidadosa planificación en la elaboración de los mosaicos.
Hasta ahora, los especialistas consideraban que la mayoría de las teselas romanas procedían principalmente de calizas, mármoles, areniscas, cerámicas o vidrios coloreados producidos en talleres tradicionales. Sin embargo, el estudio ha mostrado una mayor sofisticación en la selección de materiales.
El mosaico de El Altillo ha revelado un caso sin precedentes en el Imperio romano
La segunda gran sorpresa ha aparecido en la villa romana de El Altillo, situada en el municipio jienense de Rus. Allí, el equipo investigador ha estudiado varias teselas negras mediante una combinación de espectroscopia Raman y fluorescencia de rayos X por dispersión de energía.
Los resultados han confirmado que estas piezas fueron fabricadas utilizando vidrios procedentes de escorias generadas durante la fundición de galena, un mineral de plomo cuya explotación tuvo una gran importancia en el distrito minero de Linares-La Carolina durante época romana.
Las escorias son materiales residuales producidos durante los procesos metalúrgicos. En este caso, los romanos habrían reutilizado esos subproductos para transformarlos posteriormente en elementos decorativos destinados a los mosaicos.
Los investigadores consideran que este hallazgo posee una enorme relevancia porque constituye un caso único identificado dentro del Imperio romano. Aunque se han documentado ejemplos similares en otros yacimientos próximos, como Cástulo o la villa del Cerrillo de Cuco en Vilches, todos ellos pertenecen a la misma área minera del Alto Guadalquivir.
La utilización de estas escorias vítreas demuestra una notable capacidad para reaprovechar materiales industriales y convertirlos en elementos artísticos. Además, aporta nuevas evidencias sobre la gestión de recursos y el nivel tecnológico alcanzado en esta zona durante la antigüedad.
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