Descubrimientos arqueológicos

Descubrimiento histórico: Murcia tiene la mayor tumba de la Edad del Cobre de Europa, con más de 1.300 cuerpos documentados

tumba de la Edad del Cobre
Fotos del enterramiento de Camino del Molino. Foto: S. Díaz-Navarro et al. 2026.
  • Alejo Lucarás
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Murcia concentra algunos de los yacimientos prehistóricos más espectaculares de España. En esa línea, excavaciones llevadas a cabo en varios puntos de la comunidad han destapado evidencias que obligan a revisar lo que se sabía sobre las culturas que habitaron aquí hace miles de años. Y la más reciente de esas evidencias está vinculada a una tumba de la Edad del Cobre.

Un estudio publicado el pasado 3 de junio de 2026 ha analizado en detalle los restos óseos de 48 individuos infantiles y juveniles recuperados de este complejo funerario. Los resultados revelan una tasa de enfermedad entre los más jóvenes que supera lo que los investigadores esperaban encontrar y que apunta a una situación sanitaria muy grave en aquella época.

El mayor enterramiento colectivo de la Edad del Cobre en Europa está en Murcia

El yacimiento se llama Camino del Molino y se encuentra en Caravaca de la Cruz, en la comarca noroeste murciana.

En él se han documentado los restos de, al menos, 1.348 personas depositadas a lo largo de dos fases funerarias sucesivas que se desarrollaron durante el tercer milenio antes de Cristo: la primera entre los años 2971 y 2711 a. C., y la segunda entre 2451 y 2251 a. C.

Ningún otro enterramiento colectivo de la Edad del Cobre conocido en Europa acumula una cantidad similar de individuos, lo que convierte a Camino del Molino en el mayor de su clase de todo el continente.

Este complejo funcionó durante siglos como lugar de depósito colectivo de difuntos. Los cuerpos no recibían tratamiento individualizado, y el estudio, publicado en la flamante revista International Journal of Paleopathology, constata que no había distinción funeraria según el estado de salud de cada persona: enfermos y sanos compartían el mismo espacio, el mismo rito.

Nueve de cada diez niños sufrían enfermedades respiratorias

El estudio analizó 48 esqueletos de individuos de entre uno y 19 años, distribuidos en cuatro grupos de edad. Los resultados son contundentes: el 91% de los menores presentaba alteraciones óseas relacionadas con problemas de salud.

El 89% mostraba lesiones porosas en el hueso, indicador frecuentemente asociado a deficiencias nutricionales o procesos infecciosos crónicos. Y el 69% presentaba cambios óseos vinculados a infecciones respiratorias, posiblemente tuberculosis u otras enfermedades del aparato respiratorio que hoy son tratables, pero que en aquel contexto podían resultar mortales.

Los datos más llamativos señalan una relación clara entre ambos tipos de lesiones. Los individuos con lesiones porosas tenían once veces más probabilidades de mostrar también alteraciones respiratorias.

Esto indica que la malnutrición y las infecciones actuaban en paralelo, debilitando a los niños y haciéndolos más vulnerables a enfermedades que se extendían con facilidad entre la población.

Los grupos de edad más afectados fueron los infantes de entre uno y cuatro años y los adolescentes tempranos de entre 10 y 14. En ambos tramos, la carga de enfermedad documentada en los huesos es especialmente alta, lo que podría reflejar momentos de mayor vulnerabilidad biológica o exposición social.

Una ventana abierta al estado de salud de la Prehistoria peninsular

La investigadora principal, Sonia Díaz-Navarro, de la Universidad de Burgos y del Centro de Investigación en Antropología y Salud de la Universidad de Coimbra, encabeza un equipo que ha aprovechado el excepcional estado de conservación del yacimiento para llevar a cabo un análisis paleopatológico de una precisión difícil de conseguir en enterramientos de esta antigüedad.

Y es que Camino del Molino no importa solo por el número de restos. La ausencia de diferenciación funeraria entre individuos sanos y enfermos indica que aquella sociedad calcolítica no apartaba a sus muertos según la enfermedad, lo cual tiene implicaciones directas sobre cómo se organizaba la comunidad y cómo gestionaba el dolor colectivo.

El hallazgo también obliga a replantear la imagen que se tenía de las poblaciones calcolíticas del sureste peninsular.

Durante décadas, la arqueología ibérica de este período se centró en los aspectos materiales (cerámica, metalurgia, arquitectura funeraria), mucho más que en lo que los huesos podían contar.

Pero ahora, el análisis de los 48 esqueletos de esta tumba de la Edad del Cobre sin parangón en Europa devuelve esa dimensión al relato: nueve de cada diez niños enterrados en Camino del Molino convivieron con la enfermedad, un dato que transforma por completo la imagen que teníamos de aquellas comunidades prehistóricas.

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