Historia
Historia Antigua

Los gladiadores más famosos de la Antigua Roma

Los gladiadores romanos fueron personajes muy importantes dentro de la cultura de la Antigua Roma. Pero, a pesar de que sus gestas contaban con numerosos seguidores y fans en mitad de la violencia que desarrollaban en el Coliseo Romano, su estatus nunca fue considerado de al ta nobleza, ni siquiera de ciudadanos romanos en la mayoría de ocasiones.

Y es que estos gladiadores eran esclavos capturados en las batallas de Roma a lo largo y ancho del territorio europeo y asiático que iban conquistando. Ese estatus, en ocasiones podía cambiar si el gladiador lograba ganarse su libertad, casi siempre, manchada de sangre por la arena.

Lugares como el cine, la televisión o la literatura han ayudado para conocer mejor este tipo de trabajo que se producía en la Antigua Roma, siempre envuelto entre la ficción y la realidad. No podemos olvidar grandes obras cinematográficas como ‘Gladiator’ o ‘Espartaco’, que ponía a los gladiadores de Roma como grandes personajes, heroicos, pero que nada tuvieron que ver con la realidad de los verdaderos gladiadores que se jugaban la vida cada vez que saltaban a la arena del circo romano.

Marcus Atilius

La historia de este gladiador romano es muy particular. Marcus Atilius nació romano, era ciudadano por derecho del imperio más glorioso de la antigüedad, pero decidió unirse a la escuela de gladiadores para intentar saldar muchas de sus deudas que había adquirido a lo largo de su vida.

Las hazañas de este gladiador tan atípico fueron descubiertas en algunos dibujos y mosaicos en 2007, y se convirtió en una de las leyendas más recordadas de la arena de Roma. Se cuenta que Marcus Atilius derrotó a Hilario, el gran gladiador perteneciente al emperador Nerón. Después se enfrentó, y derrotó,  Lucius Felix, uno de los gladiadores con más batallas victoriosas de la historia de Roma.

Vero y Prisco

Resulta paradójico que de estos dos rivales en la arena, que vivieron una de las peleas mejor documentadas de la Antigua Roma, no existen casi datos de cómo fueron sus vidas lejos de la arena. Su batalla a muerte tuvo lugar en el siglo primero d.C. en el gran Anfiteatro Flavio, ahora Coliseo Romano, y se cuenta que su lucha se extendió por horas.

Una vez exhaustos por su feroz batalla, ambos decidieron rendirse bajando sus espadas en la arena para no matar al otro. Ante esto, con un público enfurecido por la brutal pelea entre Vero y Prisco, y ante tal muestra de respeto mutuo, el emperador Tito no tuvo más remedio que concederles el indulto. Les regaló la libertad entregándoles la ya famosa espada de madera que obtenían los gladiadores cuando llegaban a la vejez sin haber muerto en ninguna contienda.

Spiculus

De Spiculus se cuenta que tenía una especial relación con el malvado emperador Nerón, que disfrutaba como morían los gladiadores romanos en la arena del Coliseo.

Esta proximidad le valió a Spiculus para ser uno de los más famosos luchadores del siglo primero d.C. El emperador le regaló palacios, riquezas y esclavos para él y su familia, convirtiéndose en uno de los gladiadores más ricos de esta época.

Aunque poco se cuenta de sus batallas en la arena, quedó reflejado por diferentes cronistas de la época de Nerón que este, una vez fue depuesto de su cargo, mandó buscar a Spiculus para que fuera él quien lo matara con su espada. Pero Spiculus, colmado de riquezas por el emperador huyó de Roma y Nerón tuvo que suicidarse al no localizad a su gladiador.

Espartaco

No hay duda que Espartaco fue el gladiador más famoso de la historia de Roma. El cine lo trasladó a imágenes como un héroe para los esclavos y fue genialmente interpretado por Kirk Douglas en la película ‘Espartaco’ de Stanley Kubrick.

Espartaco era un soldado tracio que fue capturado y vendido como esclavo. Poco después, Léntulo Batiato, acostumbrado a ver gladiadores en el foso, vio en Espartaco a un luchador de gran potencial y lo compró para convertirlo en gladiador.

Sus gestas en la arena fue muy comentadas entre la nobleza romana, pero también supo ganarse el respeto de sus compañeros de foso. Con esto, en el 73 a.C. Espartaco organizó la mayor revuelta de esclavos que se había visto en Roma, cuando convenció a setenta compañeros gladiadores para alzarse contra sus dueños. En esta contienda, Batiato resultó muerto y los gladiadores lograron escapar al Monte Vesubio.

Sin quererlo se había proclamado en Roma una rebelión de hombres preparaos para la guerra, lo que trajo consigo la Tercera Guerra Servil en Roma. Los esclavos y gladiadores que siguieron a Espartaco llegaron a ser 70.000 personas que lucharon contra los ejércitos de Roma en varias ocasiones consiguiendo victorias en muchas de ellas.

Fue Licinio Craso, junto con 50.000 hombres entrenados para dar caza a Espartaco, el que consiguió aliviar la rebelión matando a Espartaco y crucificando a lo largo de la Vía Apia a 6.000 de sus seguidores.