El Gato gourmet

Vuelta a la rutina, pero con un vino

Opinión Sánchez Magro

Septiembre tiene esa mala fama que no merece. Se acaba el verano, vuelve el despertador, reaparecen los correos electrónicos y uno descubre que aquello de «qué ganas de volver» era una mentira piadosa que se decía antes de coger el avión. Pero septiembre también tiene algo bueno: vuelven los amigos, las calles recuperan su ruido y los compañeros de trabajo reaparecen con historias de vacaciones que nadie ha pedido, pero que, misteriosamente, terminan interesándonos.

Además, durante los primeros días todavía queda una propina de verano. El horario intensivo deja una tarde por delante; el calor empieza a comportarse y aparece ese momento maravilloso en el que uno puede salir de la oficina sin tener que regresar inmediatamente a casa.

Ahí entra el vino.

Porque la verdadera vuelta a la rutina no debería hacerse delante del ordenador, sino alrededor de una mesa. Una copa, algo de comer y la conversación de siempre, que después de unas semanas de distancia suele resultar bastante más interesante. Estos son algunos lugares de España donde septiembre se lleva mejor con una botella cerca.

Forastera

Calle General Eguía, 37, 48013 Bilbao.

Lo bueno de Forastera empieza antes de abrir la carta: aquí uno viene dispuesto a mirar botellas y termina mirando el reloj, que es una manera bastante más agradable de perder el tiempo. Txisku y Laura han aterrizado en Bilbao con una manera de entender la mesa sin demasiadas solemnidades y una bodega que merece sentarse a estudiarla, aunque uno haya salido de la oficina diciendo que solo iba a tomar una copa.

Y aquí viene la trampa: la carta de Champagne es excepcional y los precios están sorprendentemente ajustados. Hay pequeños vignerons, casas que no aparecen en todas las cartas y botellas para ponerse serio sin tener que pedir antes una ampliación de hipoteca. Champagne del bueno, del que tiene tierra, apellido y personalidad, pero sin ese impuesto revolucionario que algunos parecen aplicar en cuanto ven una burbuja francesa.

FORASTERA

La cocina acompaña sin ponerse estupenda. Producto, temporada y platos para compartir mientras la botella va perdiendo altura y la conversación ganando volumen.

Forastera es una magnífica emboscada para septiembre. Se sale de trabajar, se pide champagne porque uno se lo ha ganado y, cuando llega la cuenta, descubre que tampoco ha sido una locura. Entonces empieza la segunda botella, que ya es otra cuestión.

Forastera

Berria

Plaza de la Independencia, 6, 28001 Madrid.

La Puerta de Alcalá ha visto de todo, pero probablemente pocas cosas tan serias como una buena botella abierta en Berria. Aquí el vino no es el acompañamiento de la tarde: es directamente el protagonista, y uno entra con la intención de beber una copa y acaba haciendo cuentas mentales sobre cuánto puede costar aquella botella que lleva media hora mirando.

berria

Su bodega juega en primera división: más de 3.000 referencias y alrededor de un centenar de vinos por copas. Hay generosos, espumosos, Jura, Barolo, Vega Sicilia y esas botellas que uno mira con la misma mezcla de deseo y prudencia con la que se mira un deportivo aparcado en doble fila.

Aquí septiembre puede empezar caro, pero nunca empieza mal. Una copa después de trabajar, algo de comer y la Puerta de Alcalá al otro lado del cristal. La oficina ya parece una cosa que le pasó a otro.

Berria

A Mundiña

Rúa Real, 77, 15003 A Coruña.

El Atlántico tiene la costumbre de poner las cosas en su sitio. Basta con acercarse a A Mundiña para comprender que, después de unas vacaciones, uno puede regresar a la realidad sin necesidad de ponerse solemne.

Aquí el vino encuentra su sitio natural junto al producto del mar. Mandan el pescado, el marisco y esa cocina gallega que no necesita disfrazarse de moderna porque lleva toda la vida haciendo las cosas bien.

Lo suyo es sentarse, pedir una botella o una copa y dejar que empiece el desfile. Algún pescado, algo de marisco, quizá un bocado que obligue a mojar pan. La conversación con los compañeros se alarga sin pedir permiso y uno empieza a sospechar que la vuelta a la rutina puede tener sus pequeñas recompensas.

La charcuterie

Glorieta de Campanar, 1, 28028 Madrid.

Los franceses llevan siglos demostrando que una tarde puede arreglarse con mantequilla, embutido y una botella. La familia Bergerot ha entendido perfectamente el mensaje y ha levantado en Madrid una pequeña embajada de la charcutería francesa con bastante mala leche y todavía mejor producto.

CharcuteriePâté en croûte, rillettes, jamón ibérico y una pequeña despensa de esas que hacen que la palabra merienda parezca demasiado pobre.

pâté

Aquí el vino entra como debe entrar: sin discursos y acompañado de comida. La selección francesa pone la parte elegante y Almodóvar, el vino elaborado por Más Que Vinos, aporta el contrapunto manchego.

Es un sitio peligroso para septiembre porque uno entra diciendo «tomamos una copa y nos vamos» y acaba discutiendo sobre si el paté necesita otra botella. Normalmente gana la botella.

Charcuterie

Casa Manteca

Calle Corralón de los Carros, 66, 11002 Cádiz.

Hay bares que parecen haber firmado un pacto secreto con el calendario para no envejecer. Casa Manteca es uno de ellos, y quizá por eso entrar aquí después del verano resulta bastante más eficaz que cualquier terapia contra la depresión postvacacional.

En La Viña, entre fotografías, botellas y ese desorden perfectamente organizado de las tabernas que llevan toda la vida haciendo lo mismo, septiembre pierde solemnidad.

Una copa de fino o manzanilla, unos chicharrones especiales con limón y sal gorda, queso payoyo, chacinas y que empiece la conversación.

Aquí no hace falta organizar una reunión de trabajo. Basta con juntarse. La botella hace el resto.

Y si alguien dice que mañana hay que madrugar, se le sirve otra copa. La medicina gaditana no suele fallar.

Uskar

Calle de Alonso del Barco, 11, 28012 Madrid.

Hay cartas de vino que parecen redactadas por un contable y otras que parecen hechas por alguien que se ha pasado media vida buscando botellas. La de Uskar pertenece claramente a la segunda especie.

Raúl García dirige una selección que ronda las 150 referencias y supera las 200 variedades de uva. No se trata de coleccionar etiquetas como cromos, sino de descubrir vinos y, sobre todo, uvas que uno probablemente no sabía que existían.

La cocina pone los pies en la tierra: producto, verduras, cordero segureño, atún rojo y platos que tienen memoria, pero no viven en el pasado.

uskar

Uskar es perfecto para esa primera tarde de septiembre en la que uno necesita recordar que el trabajo es una parte de la vida, pero tampoco conviene exagerar.

Una copa, algo de comer y doscientas uvas por descubrir. Bastante más interesante que una reunión de Teams.

La Vinya del Senyor

Plaça de Santa Maria, 5, 08003 Barcelona.

Santa Maria del Mar tiene enfrente uno de esos pequeños lugares donde el vino parece formar parte del mobiliario urbano. La Vinya del Senyor lleva desde 1997 haciendo una cosa muy sencilla y muy difícil: conseguir que uno entre a tomar un vino y se quede porque allí el vino merece la pena.

La carta supera las 3.000 referencias y hay vinos por copas que cambian con
frecuencia. Además, tienen una auténtica debilidad por Jerez, con una colección que permite perderse con bastante gusto, y una mirada internacional que va mucho más allá de las etiquetas de siempre.

Es uno de esos lugares en los que la copa tiene conversación. Uno empieza con algo conocido, acaba preguntando por una botella que no conoce y, cuando quiere darse cuenta, Barcelona ya se ha hecho de noche.

Para volver al trabajo sin volver completamente a la realidad.

Vertical

Calle Moreno Monroy, 3, 29015 Málaga.

El vino natural tiene algo de rebelión y Málaga, a estas alturas, tampoco necesita demasiadas excusas para rebelarse contra septiembre. En Vertical, ambas cosas se llevan bastante bien.

Julio Barluenga convirtió este pequeño wine bar en un refugio para vinos naturales y de poca intervención, españoles y extranjeros, con una selección que se mueve bastante lejos de los caminos habituales.

La fórmula es sencilla: una copa, unos platos pequeños y dejarse aconsejar.

Vertical es para quienes han decidido que septiembre no va a ganar tan fácilmente. Málaga tampoco ayuda demasiado a tomárselo en serio.

Bar La Sang

Carrer de Antoni Frontera, 22, 07004 Palma, Islas Baleares.

En Palma existe una disciplina que debería enseñarse en los colegios: saber cuándo ha llegado la hora de dejar de hacer cosas y sentarse delante de una botella. La Sang parece haber aprobado la asignatura con matrícula.

En Antoni Frontera, este pequeño bar combina vinos naturales, botellas seleccionadas y una cocina de temporada que acompaña sin ponerse por delante de la copa. La propia casa mantiene además tienda de vinos, así que aquí la afición va en serio.

Es el sitio para sentarse con alguien a quien no se ve desde julio y empezar con un «¿qué tal las vacaciones?». Después viene la segunda botella y ya nadie recuerda exactamente cuándo empezó la conversación.

Septiembre, bien llevado, también puede tener algo de isla.

Terra A Vins

Carrer de Ciscar, 48, 46005 Valencia.

Uno sabe que está en Valencia cuando la tarde empieza a convertirse en noche sin que nadie parezca especialmente preocupado por ello. Terra À Vins entiende perfectamente esa filosofía y la aplica a las botellas.

Su selección mira más allá de las etiquetas de siempre y busca productores y vinos con personalidad. Es un lugar para entrar con una idea bastante clara y salir con otra botella en la cabeza, que es una de las formas más agradables de equivocarse.

Aquí el vino no está para acompañar la conversación: la provoca. Se pide una copa, se pregunta por otra, aparece una botella que no estaba en los planes y el después del trabajo empieza a convertirse peligrosamente en la noche.

La culpa, por supuesto, será del vino.

Nunca de nosotros.

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