CAOS FERROVIARIO

Pesadilla en un Alvia Pamplona-Madrid: ocho horas sin agua ni comida y gente de pie en los pasillos

El día anterior otro Alvia tardó 11 horas de Pamplona a Madrid cuando el viaje habitualmente dura menos de cuatro horas

Un incendio en un AVE en Zaragoza obliga a cortar por completo la alta velocidad entre Madrid y Barcelona

Pesadilla Alvia Pamplona-Madrid

Óscar Puente se ha coronado hoy de nuevo como ministro de Transportes con otro hito tercermundista. Los pasajeros del tren Alvia de Renfe entre Pamplona y Madrid que salía este martes por la mañana de la capital navarra han sufrido una auténtica pesadilla para llegar a su destino. El viaje, que tenía que haber durado menos de cuatro horas, ha terminado durando ocho horas. El viaje, que iba a ser en un Alvia directo a Madrid, ha terminado siendo, primero un viaje en un Regional hasta Zaragoza (por donde no pasan los trenes de Pamplona a Madrid) con pasajeros tirados en el pasillo o de pie y, después, en un viaje sin personal de Renfe desde Zaragoza a Madrid. Todo ello, con parada intermedia de dos horas abandonados en un pasillo de la Estación de Zaragoza-Delicias sin que Renfe se haya dignado a ponerles un bocadillo o una miserable botella de agua.

La aventura comenzaba, casi, de madrugada. Los pasajeros del Alvia Pamplona-Madrid de las 08:08 horas recibían un confuso mensaje de Renfe en sus móviles que hablaba de las posibilidades de retraso en su tren. La sorpresa en la estación de Pamplona ha sido encontrarse que, en vez de un Alvia, había un Tren Regional esperándoles. Los pasajeros que denuncian  lo ocurrido a OKDIARIO indican que no han recibido información alguna en ningún momento. Tan sólo que se dirigían a Zaragoza y que en Zaragoza les esperaría el Alvia para salir directos a Madrid. Los Alvia Pamplona-Madrid habitualmente no pasan por Zaragoza. 

«El trayecto en el Regional entre Pamplona y Zaragoza ha sido una pesadilla de tres horas y media con viajeros de pie o, directamente, tirados en el suelo en el pasillo», nos cuenta una pasajera afectada. Sólo para llegar a Zaragoza, el Regional ha tardado el mismo tiempo del viaje original de Pamplona a Madrid. «Hemos pasado por pueblos de Navarra que ni conocía», señala la pasajera.

La pesadilla iba a continuar en la estación de Delicias, en Zaragoza. Allí no había ni tren ni nada parecido, como les había prometido Renfe en Pamplona. Por no haber, no había ni sitio reservado para atender a los pasajeros. Las decenas de viajeros han terminado ‘aparcados’ en un pasillo de la enorme estación zaragozana, según relatan los testigos a OKDIARIO. Nadie les ha atendido, denuncian los afectados. Nadie de Renfe les ha ofrecido una sala donde descansar. Nadie les ha ofrecido algo de comida o de bebida. Abandonados, tirados y deshidratados porque temían ir a la cafetería y que les dejaran en tierra. Es la nueva forma ‘progresista’ de viajar en tren con el ministro-tuitero Óscar Puente.

Por no tener en Zaragoza, no han tenido tampoco información. Su prometido tren con destino a Madrid no aparecía en las pantallas, como no ha aparecido -aseguran algunos de los viajeros- nadie de Renfe para informarles de nada. El servicio de megafonía tampoco ha existido para los sufridos pasajeros.

Pasadas dos horas tirados, literalmente, en la estación de Zaragoza, un empleado de Renfe les ha conducido a un Alvia. El Alvia llegaba también con sorpresa incluida: «No había nadie dentro, ni revisores ni empleados de Renfe. Tan sólo un guardia de seguridad». El viajero que nos lo cuenta señala con sorna: «Por un momento temimos que no hubiera tampoco maquinista». En vista de que nadie ordenaba aquello ni controlaba el acceso al tren con los billetes o la asignación de asientos, la gente ha decidido, finalmente, sentarse donde le ha dado la gana. Una pasajera confiesa: «Yo me he ido a Preferente. Estaba sola con el guardia de seguridad, que era muy simpático». 

A las 13:40 horas, el Alvia, por fin, ha salido de Zaragoza con destino a Madrid. Las dos horas y media que les quedaban por delante aún se les han hecho eternas: «En el Alvia no había cafetería abierta tampoco. Llevábamos sin comer ni beber nada desde Pamplona a las ocho de la mañana. La gente estaba indignada». Por fin, a las 16:05 horas, ocho horas después de salir de la capital navarra, el tren y sus heróicos pasajeros, hambrientos y deshidratados (parece un parte de guerra), han llegado a Atocha, en Madrid. 

Incendio y retrasos

La pesadilla de estos viajeros de Renfe este martes no ha sido la única en las últimas horas. Casi 300 pasajeros, la mayoría navarros, tardaron, este lunes, once horas en completar el trayecto Pamplona-Madrid de menos de cuatro. El incendio de un tren AVE en Zaragoza desencadenó el colapso, dejando a decenas de afectados durmiendo a las 4:00 de la madrugada en un edificio de apartamentos.

El origen del caos se produjo en la línea de alta velocidad entre Madrid y Barcelona, cuando el incendio de un tren AVE entre Ricla y Plasencia de Jalón obligó a interrumpir de forma drástica la circulación. El fuego afectó a la catenaria y paralizó el tráfico ferroviario en una de las jornadas de mayor movilidad del año: el 12 de octubre.

Ha sido la muy particular y muy socialista forma de celebrar la Fiesta Nacional por parte de Óscar Puente y del «gobierno de coalición progresista», como le llama el presidente Pedro Sánchez. Desde la llegada de Sánchez al poder y en particular de Puente al ministerio de Transportes, los retrasos, averías, cancelaciones, incendios, robos de cable e incidencias de muy diversa índole se han multiplicado de forma exponencial en las líneas de Alta Velicidad. Los Cercanías son un drama diario para millones de ciudadanos, particularmente en Madrid y en Cataluña.

Con todo, Puente ha afirmado que «el tren vive en España el mejor momento de su historia». 46 personas murieron en el accidente de Adamuz en enero. La vía estaba rota. Puente no asumió ninguna responsabilidad política por las muertes. Pedro Sánchez prometió «apoyo a las víctimas». Desde entonces, las víctimas han manifestado en numerosas ocasiones sentirse absolutamente abandonadas por Puente, por Sánchez y por su «gobierno de coalición progresista».

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